¡Vivan los mamones!

¿Qué pensarías si te hicieran una invitación al lugar que dio vida a los mamones? Imagino te habrás remitido con algunas ideas relacionadas principalmente con la acepción. Déjame compartirte que los mamones a los que me refiero son muy distantes a la imagen que concebiste: no es relativo a la arrogancia, no tiene pies, ni latidos y no es desagradable. Se trata del pan típico de Viesca, Coahuila. Dice mi esposo Salvador que el mamón es el abuelito del gansito, aunque la verdad es superior al famoso ransito, envuelto en su bolsita individual.

Los mamones encierran el sabor a pueblo, a tradición, a innumerables tardes felices de niños y adultos durante varias generaciones. Su fabricación artesanal es antiquísima. La receta original ha pervivido durante muchos años. Imagino los primeros viesquenses que probaron esta delicia, seguro lo acompañaban con leche bronca ya sea de vaca o de chiva, y quizá, hasta la coronaban con la propia nata. Podría ser el postre o la cena. Sería parte de una comida hoy ostentosamente llamada orgánica.

Este pan artesanal posee forma rectangular y asimétrica, es como del tamaño de los antiguos cepillos para raspar nieve, éste último cada vez menos visto en las ciudades. LA cubierta del pan es de color escarlata, es una especie de glaseado que permite su conservación natural durante más tiempo. Es garantía decir que a pesar de los calores laguneros, puede permanecer en buen estado fuera del refrigerador.

El interior consta de un pan oscuro, como el que cocinaban las abuelas de antaño, con ingredientes simples, provenientes del campo. Se estila deleitarlo “chopeadito” en chocolate, leche o café. Según los historiadores del pueblo, es una receta de autor de la mismísima heroína de la Independencia, doña Leona Vicario, aunque se desconoce cómo llegaron los mamones a Viesca.

Se cocinan en hornos de adobe en forma de iglú, que anteriormente casi todas las casas poseían uno, en el cual además, preparaban gorditas de horno, pan de trigo, semitas, galletas de avena y empanadas. Sabe riquísimo al probarlo solo o acompañado de alguna bebida. Te puedes percatar de cómo este elemento aparentemente simple puede guardar tanta tradición, cómo logró perdurar tantos años sin perder su esencia hasta ser parte trascendental de la identidad de Viesca.

Por cierto, los mamones les han dado valía para aspirar a ser el tercer pueblo mágico del estado, ya que entre los requisitos es indispensable contar por lo menos con dos elementos de gastronomía que sólo se elaboren en el sitio en cuestión. ¡Vivan los mamones! (pero sólo los de Viesca).

 

 

 

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