Víctimas de las letras chiquitas

El tema de la semana anterior fue sobre los abusos de instituciones bancarias y de telefonía celular. De su pésimo servicio, sus altísimos intereses y su impunidad ante injusticias de los usuarios. Recibí gran cantidad de comentarios, todos mostrando su indignación ante estas situaciones tan incomodas que también han padecido. Una amiga me propuso le diera continuidad al tema para saber cómo terminó la llamada que le hacían a mi cuñada Eloisa para cobrarle un atraso de una línea de telefonía celular a mi nombre que debía ser pagada de inmediato, de lo contrario el saldo “se incrementaría” de 820 a cuatro mil pesos.

Resulta que esa línea es de un Ipad la cual no se pagaba desde febrero. Por un error deposité en otra cuenta de la misma empresa referenciada a una tarjeta de crédito. Es decir, Telcel recibía el dinero en efectivo en ventanilla y también hacía el cobro directo en la tarjeta para el mismo servicio. ¿Creen que se quejó al respecto? ¡Por supuesto que jamás! Cuando reclamé en un centro de atención a clientes, después de hacer una hora en la fila, otra para descifrar la situación, me dicen necesito esperar por lo menos 40 días para que la empresa reembolse el importe. Debo agregar que una vez cubierto el adeudo no ofrece el servicio que proclaman y no puedo suspenderlo hasta el siguiente mes porque me pasé un día del corte.

Sigue el karmaservice. Acostumbro hacer pagos anticipados en una casa que tenemos en Saltillo. Pedí que por favor me realizaran un abono de 500 pesos en el servicio de gas natural, según yo para estar holgada y ¡oh sorpresa¡ Me cobraron 269 pesos por un sitio en el cual no se cocina y el boiler se usa a lo más ocho días por mes, una verdadera exageración. El colmo no fue eso, sino que hicieron un cargo adicional por un retraso de dos días: cobraron 199 pesos por una reconexión no realizada.

Transcribo algunos de los comentarios que recibí con otras historias de terror. La primera se titula Atraco en despoblado.

Con mucho detenimiento leí su cometario. Es el viacrucis que los cuentahabientes tenemos que pasar; es como decía un amigo, sin agraviar, son los disque beneficios para elevar el nivel de vida del mundo globalizado. También a un servidor le han pasado este tipo de *@:&%#+/?s con perdón suyo; tanto con Telcel como con Bancomer. Así es que nos tienen copados. Saludos. Fernando Castañeda Limones.

Ni modo Arcelia. Oye me rio de rabia, fíjate que yo caí en las garras de Sears y C&A, son unos auténticos “estafadores con licencia”. Creo que debemos aprovechar estos sucesos para algo bueno. ¿Por qué no formamos la asociación Víctimas de las letras chiquitas? ¡Sería un gran movimiento! ¿No crees? Flor Rentería Medina.

Respira hasta diez amiga. Así se las gastan. Debo confesar que a mi Telcel nunca me ha cortado el celular cuando me he retrasado en la línea para el Ipad. Pero si he tenido casos como los tuyos. ¿Qué sucede? Saludos. Héctor Gramillo Flores.

Algún día vamos a cambiar, o ellos o nosotros‏. Manuel Medina Elizondo.

En verdad es un infierno el que describes, me ha ocurrido en alguna ocasión y ¡qué deseos sientes de ahorcar a alguien! Claudia Campos.

Amiga, esto es muy normal nos ha sucedido a la mayoría. Si quieres dar de baja la tarjeta no puedes hasta que pagues la anualidad. Rubén González Hernández

Alusión aparte merecen las estafas de otros ladrones de cuello blanco tales como las empresas de alarmas, seguros de vida, de gastos médicos mayores, las inmobiliarias, las telefonías fijas, tiendas departamentales con sus cuotas, intereses y sus famosos abonos chiquitos que casi debes pagar por el resto de tu vida, prestamos sindicales, “cajas de ahorro” y ya no escribo más para no alborotar más a las Víctimas de las letras chiquitas.

www.arceliaayup.com

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