Vestidos ajenos

Una de las ventanas de la casa donde vivo ofrece vista al jardín trasero. Tiene un par de bugambulias altas y arriba de la barda una hermosa enredadera, sombra de muchos pájaros que inician temprano a cantar y a gozar de la sombra. También hay arbustos con unas flores coloridas que alegran la vista. Me agrada, pero no soy afecta a esta vegetación ni al jardín, el cual dicho sea de paso por conciencia ecológica no se riega tanto, es difícil mantenerlo en buen estado con poca agua, una joven con visitas múltiples, dos perros y un topo.

En la banqueta se halla un gran ficus. He notado desde hace un par de meses que capta mayor población de chanates y desde entonces se ha convertido en su hogar. Por las mañanas torreonenses en la confluencia de Bulevar Constitución y Calle González Calderón se observan cientos de pájaros en vuelo fractálico, muchas aves descansan en un árbol opaco sin una sola hoja, en el cual las aves se arremolinan para descansar. En el aire forman asombrosos patrones que dejan ver siluetas de autosemejanza. La coordinación de su vuelo es un misterio. Aunque la teoría más reconocida afirma que en su comportamiento emergente no hay líder, solo una constante reacción casi inmediata de cada individuo, sensibilizado interactivamente con su vecino, como una adicción coreográfica. No es casualidad que nuestros sabios ancestros estudiaran en el revoloteo de aves un lenguaje sagrado o de adivinación celeste. Lo cierto es que forman parvadas como medio para protegerse de depredadores.

Pregunté a un par de especialistas en el tema. El primero me comentó que se debe principalmente a que muchos laguneros han talado sus árboles y las aves al carecer de cobijo se diseminan por la ciudad, en busca de otros abrigos. El segundo afirmó que el causante es el cambio climatológico, porque no están adaptados para subsistir en temperaturas tan bajas. Ambos razonamientos me parecieron convincentes.

En lo personal, me inclino más por la flora nativa de nuestro semi desierto, es una caja llena de sorpresas, son maravillosas, de una belleza discreta, no demandan mucha atención ni es necesario ponerles demasiada agua. En Arizona y Wisconsin por ejemplo, algunas universidades tienen especialidades de paisajismo exclusivamente para vegetación desértica. He visto lindo jardines creados por esas escuelas, no le pide nada a los de las colonias más exclusivas de Torreón. El Club Montebello es un buen ejemplo de manejo del conjunto de cactáceas y otros especímenes del desierto chihuahuense.

A raíz de las temperaturas tan bajas suscitadas recientemente en Torreón la mayoría de la flora se secó, en especial la que no nos pertenece. Hay cuadras enteras de árboles secos, dar un paseo en la mayoría de la ciudad es atestiguar cuando se empecinan sus habitantes en plantas foráneas a la vocación de nuestra tierra. Se observan árboles y plantas quemadas literalmente por el frío. Lo que ha sobrevivido es lo que pertenece a las condiciones naturales obtenido cada vez el entorno.

Es importante observar con más detalle el escenario  geográfico y climatológico en el cual vivimos. Con un déficit cada vez más severo de agua, con mayores niveles de contaminación de hidroarsenicismo superiores al máximo tolerado por el organismo humano, con el clima extremoso característico del desierto, con una tierra árida y un sol quemador. ¿Cómo queremos seguirle robando agua al subsuelo que cada vez se obtiene de mayor profundidad?

Observé los mezquites afuera de la calle Mayrán y Claveles; y los huizaches por la calle Acacias, cerca de la calle Central de Torreón Jardín, el frio no les hizo ni cosquillas. En el Bosque Venustiano Carranza, la mayoría permanece en buen estado, porque fue diseñado con vegetación nuestra. Los álamos, huizaches, mezquites, casuarinas, cipreses, algarrobos, acacias retinoides, anacahuitas, eucaliptos, fresnos, álamos, truenos, anacuas, lilas, pinos, pirules, laureles mexicanos, pinabetes, palmas yucas, washingtonianas y datileras, y están poderosas, verdes, airosas.

Recordemos que los pinabetes fueron plantados por los españoles como cortinas rompe vientos, son muy nobles, reforestan su entorno, dan una gran sombra, mejoran el oxigeno, es casa para muchos pájaros y a cambio no nos pide nada. Nunca he visto un pinabete con cajete ni que alguien le preste atención. El 12 de diciembre de 1997 vivimos “la helada negra” porque se quemó gran parte de la vegetación de varios estados del norte del país. La naturaleza nos vuelve a enviar otro mensaje: no disfracemos a la tierra con vestidos ajenos, aprendamos a rescatar y a querer lo nuestro.

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