Verde que te quiero

Es admirable lo que el agua puede hacer, tanto de manera positiva como negativa. Ofrezco de inicio una disculpa porque no me referiré a los estragos provocados por los recientes fenómenos naturales Ingrid y Manuel. Sin duda son datos preocupantes en nuestro país, incluyendo algunos estados con declaratoria de emergencia, mucho más allá de los daños materiales. Me referiré a los beneficios que dejó para el semidesierto.

Durante el proceso de este fenómeno climatológico poco usual, estuve fuera del país. Se fueron mi cuerpo y mente a llenar la mochila de materiales para compartir otras culturas diferentes a la nuestra. Estuve al margen de este acontecimiento natural. A mi regreso a la realidad el pasado fin de semana, encuentro una tierra alegre, con un verdor que no recuerdo desde cuándo no lo veía.

En el trayecto Torreón Saltillo fue una verdadera sorpresa ver gran cantidad de agua fluyendo rápidamente al lado de la carretera. Tenía tanta fuerza como la de cualquier río. Las serranías me recibieron verdes. Me sorprende la bondad de nuestro semidesierto y su transformación al recibir agua. Es similar al amor canino hacia su amo. El dueño puede dar muy poco y el perro da todo por él.

En particular los ocotillos y las gobernadoras acaparan la atención porque se expanden con todo su esplendor, regalando un verde radiante. Recordemos que los ocotillos son unas varas largas que se disfrazan en cada estación del año. En invierno parecen palos muertos y en primavera reviven aún en las peores sequías. Tiene en la parte más alta una contrastante aureola de flores rojas. La gobernadora es dominante como su propio nombre. De olor característico lo suficientemente fuerte para esparcirlo a su alrededor, el cual se ha intensificado al recibir las lluvias recientes. Da gusto verla tan resplandeciente en medio de nuestro semidesierto.

Las plantas de sotol, el chaparro prieto y mi favorita biznaga roja están en su mejor momento. En el ejido El Mimbre, cerca de Paila hay una importante población de árboles del mismo nombre del poblado. Los mimbres nos dan ahora un despliegue de matices lilas en sus bellas flores. Además sus hojas limpias reciben el sol con más gusto y contrastan con el tono de las flores.

¿Y qué decir de los huizaches, mezquites, y nopales? Están chifladísimos. Los cerros lucen como el verde de García Lorca, en su Romance sonámbulo, ese famoso “Verde que te quiero verde/ Verde viento. Verdes ramas/…Verde que te quiero verde/ Grandes estrellas de escarcha/ vienen con el pez de sombra/ que abre el camino del alba.

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