Tierra adoptiva

Iba acompañada de mi padres al edificio de la CTM en Matamoros, Coahuila. Le dije a mi papá que me sentía nerviosa. Era la presentación de mi libro Evocaciones del sabor y del alma. Placeres gastronómicos. Él me dijo que cómo era posible si estaba en un pueblo, si ya había llevado la obra a Torreón y a Saltillo. Le contesté que la diferencia es que ese pueblo es el mío. Entré al recinto después de casi treinta años. Era casi el mismo que guardaba mi memoria. Sus paredes altas de adobe, una pequeña oficina en la entrada. El salón amplio, iluminado y fresco. En la parte superior unas ventanas de madera antiguas. En una de las esquinas hay una escalera flaca que lleva a algo parecido a un cobertizo. Quizá las cuarteaduras no estaban en mi mente.

Revolotearon muchas imágenes y recuerdos. Sentí mucha alegría de ver a tantos Ayup juntos por un motivo de alegría. Me puse contenta al ver llegar a mis tíos. Mis primos se veían felices y yo más de verlos reunidos por mi invitación. Llegaron mis amigos de la secundaria también los amigos de mi hermana y de mis papás. A una cuadra de ese sitio viví mi infancia y juventud feliz y libre. Entonces ahí estaba la Mercería Felisa de mi mamá y atrás era la casa. Rememoré el sabor del delicioso pipián y la anhelada capirotada preparada por mi madre, platillos que describo en mi libro.

Me sentí en mi casa, con mi familia y mis amigos. Cuando pidieron que ya empezáramos creí que mis latidos romperían mi blusa. En el estrado colocaron una mesa con mantel blanco y un grueso listón rojo y en cada extremo un ramo de flores multicolor. Subí con los súper presentadores, Carlos Velázquez y Yolanda Jaramillo. Carlos es una pluma importante de poesía, cuento y reseña pese a su juventud. Un verdadero rockstar como le llaman en el ámbito de las letras. Yola es reconocida médico patóloga, estudia un doctorado, maneja su laboratorio,  es catedrática, amante de la literatura y el arte culinario. La descripción de ambos sobre Evocaciones del sabor y del alma fue un verdadero regalo.

Es difícil describir las emociones. Me parecía hacía poco tiempo que dejé ese sitio para hacerme la vida en el Distrito Federal. Sentí que nunca había salido de Matamoros, que mi raíz es profunda. Cada persona que estaba ahí de alguna manera tenía que ver con mi vida o con la de mi familia, por lo que me sentí más en confianza. Algunos no los veía desde hace dos décadas, las señales de los años y de los kilos me hicieron más difíciles reconocerlos, y cuando descubría quiénes eras me desfilaban los recuerdos en automático.

Les compartí lo que dice Gabriel García Márquez que uno no es de donde nace, sino de  donde cree que pertenece. Que por eso decidí ser matamorense y pertenecer a Matamoros Coahuila. ¿Qué importa dónde me parieron? En Matamoros están mis raíces, mi infancia, la piedra en la que me subía en la primaria Lázaro Cárdenas, mis entrañables amigos de la secundaria y el árbol que planteé en la Federal uno.

Creo que al igual que cuando cocino, que cuando escribo, mientras hablaba el jueves 17 a las 12 horas los asistentes percibieron mi sentido de pertenencia y mi defensa a mi tierra adoptiva tan querida. Agradezco por este medio a todos quienes se dieron tiempo al hacerme el favor de acompañarme y mostrarme su cariño y solidaridad para mi persona y para Evocaciones del sabor y del alma.

Deja tu comentario