¿Quieren vernos felices?

Quienes tengan más de tres décadas, recordarán sus frecuentes idas a “la tienda de la esquina”.  En realidad, no importa si dicho establecimiento se encuentra a mitad de cuadra, pero ha sido una manera de llamarle. Son parte de la vida de la colonia y por lo general los señores  de la casa habilitan un espacio para establecer su negocio de abarrotes. Conocen a casi toda la gente de la colonia e incluso, con los de mayor confianza, manejan un sistema de crédito, el famoso “cartoncito”. Tanto el cliente como el tendero tienen literalmente un cartón de reciclado de alguna caja. En él se maneja una detallada cuenta de lo adquirido en cada visita y se establece una fecha de pago. Es la tarjeta de crédito de los poblados y de las colonias populares de las ciudades.

Los dueños de las tiendas y sus clientes conocían su vida al revés y al derecho, en especial los temas relacionados con la economía familiar, ya que de ahí se desprende los días para liquidar y si hubiese dificultades para cubrir el adeudo a tiempo. El tendero fungía como de paño de lágrimas de sus clientes, los escuchaba y les daba consejos. Era un trato muy cálido y afectuoso entre ambas partes. Escribo en tiempo pasado porque estas tiendas han ido desapareciendo en forma paulatina.

Para las actuales generaciones esto no les parece familiar, ya que han crecido con las ahora llamadas tiendas de conveniencia, como el Oxxo. Éstas últimas han invadido nuestro país en forma vertiginosa, no es broma cuando al ubicar alguna dirección, hacemos referencia a ellos. Es fácil encontrar uno cerca de otro. Hay en cada uno de los estados de México, parece increíble, pero en la actualidad existen más de nueve mil. Además tienen planes de crecimiento para América Latina.

Por un lado, la expansión de las tiendas Oxxos representa empleos y beneficio económico. En el otro extremo también es una situación difícil para quienes tenían tiendas en las colonias populares, ya que no pueden competir con los precios que logran los minisúper. Es el mismo fenómeno que sufrieron las farmacias independientes, poco a poco fueron desplazadas por las grandes cadenas nacionales.

Me enteré que en Saltillo existe una política que establece no abrir este tipo de cadenas comerciales dentro de las colonias, solamente sobre avenidas y bulevares de gran afluencia. Sin duda esta medida es un respiro para los tenderos, pero también es una forma de conservar nuestra esencia como pueblo, de conocer a nuestros vecinos y establecer lazos afectivos con ellos. Los dueños de la tienda de la esquina saben nuestro sentir, a ellos sí le interesa nuestra felicidad. ¿Crees que en los Oxxos si quieren vernos felices?

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