Otro motivo

¿Has sentido la vibración de abrazar un árbol? Tener contacto directo con uno es palpar la naturaleza viva, puedes percibir el fluir de su clorofila e imaginar sus vivencias de acuerdo al grueso de su tronco.  Viví esta sensación hace  unos días en el municipio de Arteaga, Coahuila, a 15 minutos de Saltillo. Es impresionante ver los enormes álamos a la orilla de la acequia, el diámetro de algunos troncos es de casi dos metros. Vale la pena regalarnos unos minutos para tratar de tener un poco de paz.

Arteaga forma parte de la zona metropolitana de la capital coahuilense. Se caracteriza por tener un clima templado y frío en invierno, llegando a menos 15 grados centígrados. Me reencontré con este sitio después de algunos años. Iba con mi hija Jimena, y nuestras amigas, también madre e hija, Lydia Pérez y Mariana Vega. Redescubrí lo vegetado que es al admirar los gigantescos laureles de la india y los álamos transmisores de serenidad.

La plaza principal se aprecia demasiado apacible, comparada con los fines de semana que se observa con decenas de puestos de comidas preparadas, antojitos así como dulces y frutas producidas en la región. Se alquilan caballos ponis en los cuales  pasean a los niños.  Muchos saltillenses acostumbran visitar este lugar los domingos por la mañana, caminan por la plaza y comen ahí mismo en familia o con amigos.

Entre semana la frecuencia de visitantes es mucho menor, acude poca gente para distraerse o que lleva a sus perros. Hay varios puestos de dulces frente a la plaza, pero en esta ocasión sólo había uno abierto. Como nuestro objetivo principal eran los elotes, nos encaminamos directo al asador instalado justo a un costado de la iglesia de San Isidro Labrador. Se trata de una pequeña tienda cuyo principal atractivo son los elotes asados. Para llegar a ella, debes cruzar un pequeño puente artesanal de madera, fabricado con retazos. Debajo de éste corre el agua de regadío, aunque en esta ocasión estaba seco el arroyo.

Ya con elote en mano nos encaminamos a la plaza a un costado del puesto. Llama la atención la altura, debe estar como dos metros por encima de las construcciones de la acera de enfrente. Platicamos y platicamos hasta que convertimos los efímeros elotes en olotes. Sin perder nuestro segundo objetivo, seguimos en busca de la nieve de raspa. Hay varias diseminadas por todo Arteaga, se instalan en las cocheras o en una habitación de la propiedad. Por lo general, los helados son preparados por la dueña de la casa, son de sabores naturales. Tienen una barra de hielo y pasan un trozo de éste por un viejo molino especial que lo deja caer totalmente triturado a una pequeña vitrina de vidrio. La puerta posterior del artefacto tiene una ventana, de donde extraen el hielo.

Mi nieve de coco fue probada por Mariana y Jimena, pero a ésta última no le gustó porque según dijo: “sabe mucho a coco”, así que optó por una de piña, que no tenía tanto sabor a piña. Bien armadas con nuestros respectivos helados, seguimos en busca de los dulces, pero ya no alcanzamos. Quedará pendiente la descripción detallada de éstos. Le conté a Lydia de las frutas enchiladas en forma de láminas o cubos que fabrican ahí mismo. Son deliciosos, tienen una presentación muy formal, pues es vendida también en otros países, tiene el nombre de una quinta y ahí lo puedes conseguir a precios un poco más accesibles que en las tiendas. Venden también vinos a base de frutas y conservas. La casa es bellísima. Una vez entramos Jimena y yo, vimos colibríes por docenas en los bebederos que tienen instalados para ese fin.

Bajamos los vidrios, porque estaba agradable la temperatura, es agradable sentir el aire puro corriendo con libertad en el auto. Ese privilegio lo he (¿hemos?) ido perdiendo poco a poco, debido al calor y a la poca seguridad de transitar con los vidrios abajo, a la expectativa de algún atraco. En cambio, los arteagenses manejan y caminan con una tranquilidad envidiable, como se dice coloquialmente: como si no debieran. Sigo convencida que en Coahuila tenemos grandes motivos para sentirnos orgullosos, Arteaga es uno de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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