Om

El 21 de marzo nos recibió a mi hija Jimena y a mí una gran nube de incienso. El aroma y las volutas de humo de estas varitas inundaron el centro de yoga al que acudimos en Saltillo. El hermoso jardín parecía nublado. Muchas personas de todas las edades, colores y sueños vestían de blanco, salían de la meditación del equinoccio de la primavera. En ese momento recordé mi intención de asistir a ella, un poco tarde, para variar con aquello de mi memoria de corto plazo.

Pensaba en el tema para mi relato semanal, sentada en la cafetería del mismo espacio de yogadicción, que hace las veces de mi oficina vespertina. La música zen predominaba. Al fondo se escuchaba la cascada del jardín, cuyo centro deja ver una estatua de Buda, hay unos puentes de madera y bajo ellos, unos peces dorados. Estar ahí produce paz interior, invita a convencer a otros a ser yogadictos, a sentir que la vida es un regalo y que el presente es lo único que tenemos para ser felices.

Eso cavilaba cuando llegó una de las directivas, salida de dicha meditación según delataba su atuendo. Es una mujer muy positiva y sonriente, pero en ese momento la percibí mucho más. Se detenía en cada mesa invitando a un maravilloso taller, según pude escuchar (aclaro: no soy chismosa, es que su voz era muy alta). Su entusiasmo era tan contagioso que despertaba el interés del más escéptico y en eso me incluyo. Era su manera de hace un Om para conseguir que otros adquieran paz interior. El mantra om es el símbolo de lo esencial en el budismo e hinduismo. Significa unidad con lo supremo, combinación de lo físico con lo espiritual, declaran que lo existente y lo no existente, puede ser controlado al pronunciar dicho mantra.

Ese positivismo de la señora, me condujo a pensar en un intercambio de ideas que recientemente tuve con el doctor Francisco Valdez Perezgazga. El tema era nuestra Om al insistir en tomar conciencia en nuestro entorno, especialmente en el cuidado del agua. El doctor me aclaró que la industria lechera derrocha la sorprendente cantidad de dos mil 400 litros del vital líquido para la elaboración de un sólo litro de leche. Que las cervecerías instaladas también en Torreón gastan 300 litros para producir un litro de cerveza. Es indignante saber esas cifras pertenecientes a un sitio que carece de agua.

Cuando tengo oportunidad, hago saber estos vergonzosos datos, sobre todo entre jóvenes y niños. Coahuila, junto con nuestro vecino estado de Durango se encuentra entre las 19 entidades afectadas por la sequía y entre las cinco en situación extrema en nuestro país. Lo anterior por supuesto, ha generado escases de agua para el consumo humano, además de pérdidas millonarias para el campo.

La falta de conciencia ecológica no tiene nada que ver con el nivel socioeconómico. He visto con mucha tristeza, lo mismo en modestas casas que en mansiones a mujeres que barren con agua sus banquetas. Cuando me lavan el cabello en los salones de belleza, derraman agua mientras sale un poco más tibia, sin clemencia, siguen platicando, como si fuera renovable. De seguir con prácticas equivocadas para su uso, en poco tiempo tendremos que poner monedas en los baños públicos para poder lavarnos las manos. Debemos pensar en ser positivos, entusiastas, ­−como la señora yogadicta que comenté al principio­−, para tener más conciencia y hacer de este trozo de nuestro mundo un poco más vivible. Hagamos un Om por la defensa del agua.

 

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