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Nueva esclavitud

Me gusta hojear los catálogos de productos de los aviones y observar lo que no compraré por lo menos en esta vida. Vi recientemente una gran cantidad de superficiales objetos en la revista publicitaria de una línea áerea comercial. En el elegante folleto venía “entre los indispensables” varios artefactos que ocupan espacio en nuestra casa y en el estado de cuenta, que se cuela a “meses sin intereses”. 

Pensé en el perfil de comparadores de estos artilugios, si realmente los usarán y presumirán con sus amistades. La mayoría de ellos prometen hacer la vida más sencilla a sus propietarios. Esta invitación al consumismo exacerbado es parte del neoliberalismo capitalista que intenta socavar nuestro mestizaje cultural, y nos lleva a ojo tapado por el “american way of life

Cada vez es más común en nuestra sociedad una competencia entre nuestros amigos por tener el celular o la computadora más nueva, así como la ropa o zapatos de mayor costo. Corremos a buscar marcas reconocidas. Lo anterior se forma desde la primera infancia. Cuando vemos a una niña, le decimos lo bonita que es ella o su vestido. Pocas veces le preguntamos cuál es su helado favorito o qué le gusta leer.

Sobre este tema, el psicoanalista alemán Erich Fromm, escribió: “…consumir es una forma de tener, y quizá la más importante en las actuales sociedades industriales ricas. Consumir tiene cualidades ambiguas: alivia la angustia, porque lo que tiene el individuo no se lo pueden quitar; pero también requiere consumir más, porque el consumo previo pronto pierde su carácter satisfactorio. Los consumidores modernos pueden identificarse con la fórmula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo.”[1] 

Estos objetos nos encaminan a otra nueva esclavitud: las tarjetas de crédito. Gastamos, permanecemos en la sociedad, brillamos como bengalas, sobrevivimos, y finalmente, debemos trabajar y sufrir para pagar. Te invito a echar una mirada a lo que ponderas: el ser o el tener. 

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