Mujer de contrastes

He pensado y repensado en esa mujer de contrastes, por un lado, en su vulnerabilidad y fortaleza, en su preocupación real por los indígenas de su tierra, en su defensa por las mujeres, y en su gran calidad literaria. Por el otro lado, esa misma persona introvertida, con el autoestima baja, depresiva y con intento suicida. En su poema Entrevista de prensa narra: “Escribo porque yo, un día, adolescente, me incliné ante un espejo y no había nadie. ¿se da cuenta?. El vacío. Y junto a mi los otros chorreaban importancia”.  Por eso se refugió en las letras, para evadirse de sí misma, para olvidar su belleza lejana, para no mirar su figura poco agraciada. Fueron sus motivos para sólo escribir y escribir.

Vivía entre el amor y el desamor. Enloqueció por Ricardo Guerra, quien se casó con otra mujer. Chayito, como le llamaba Jaime Sabines a Rosario Castellanos, redactó 73 cartas desgarradoras para su amado Guerra. Posteriormente se editó este material con el nombre de Cartas a Ricardo. Él se divorcia, después contrae matrimonio con Rosario y conciben a su único hijo, Gabriel. Su esposo le es infiel. Ella se culpa por su fealdad, sus reclamos y sus celos. Acude al valium 10, va al psiquiátrico e intenta suicidarse. Chayito vuelca su amor hacia Gabriel, su único hijo a quien le escribe algunos poemas.

En 1966 se va como profesora visitante a Madison Wisconsin, y allí se recuperó, se dedicó a su hijo y a sus clases. Se revaloró y en un acto de autoestima se divorcia. Era brillante, de una gran sensibilidad al encuentro con la palabra, con la ironía, con el conocimiento de sí misma. Buscó llenar el vacío, esa nada que le aterró al mirarse en el espejo. Quizá para ella ese hueco era perpetuo, quizá por eso seguía ensimismada, en un mundo de letras, de palabras, de ideas e imágenes que nos legó en veintitrés  fascinantes libros.

Se desempeñó como embajadora de México en Israel y como catedrática en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Fue allá en Tel Aviv, un siete de agosto de 1974 cuando una descarga eléctrica acabó con su vida. Se puso en tela de juicio si esta versión fue real, o si ella misma logró terminar con sus quebrantos para siempre. El también poeta y paisano Jaime Sabines escribió en su poema Recado a Rosario Castellanos: “Sólo una tonta podía dedicar su vida a la soledad y al amor. Sólo una tonta podía morirse al tocar una lámpara,…” ¿Cómo no admirar y leer a una mujer como Chayito?

(Lo anterior es un fragmento del material de mi presentación del Diplomado de Técnicas de Análisis y Producción Escrita, auspiciado por la Universidad del Valle de México Campus Torreón y el Partido Revolucionario Institucional Municipal.)

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