Mucho sabor

Cuando alguien dice la palabra reliquia se me hace agua la boca. Imagino las tortillas de maíz calentadas directas de la flama, con la orilla quemadita. Disfruto lento el festín de asado de puerco y las tradicionales siete sopas: arroz, fideo, tallarín, macarrón, estrella, semillas de melón y espagueti. Formo pequeños triángulos con la tortilla rellena de esa delicia, mientras pienso en las enormes cazuelas en las que fueron preparadas. He comido muchas y hasta hoy ninguna ha sido desabrida, claro, unas superan el sabor de otras, pero quizá la veneración agregue un toque especial.

La palabra reliquia tiene varias acepciones, puede ser parte de un cuerpo o vestimenta de un santo venerado como objeto de culto. También se refiere a un objeto con gran aprecio, por haber pertenecido a una persona querida; o bien, se puede tratar de un vestigio, de cosas pasadas. Pero, a la que me refiero es a la “reliquia”, comida con carácter popular con fines religiosos, filantrópicos y gastronómicos dedicada a una virgen o a un santo. La danza de “matachines” es parte del ritual y representa un tipo de indígenas prehispánicos. Los danzantes anuncian el domicilio donde habrá esta deliciosa comida popular.

La “reliquia” se distribuye de manera gratuita a quien lo solicite, se acompaña de un acto litúrgico efectuado cada año, como una manda u ofrenda. Después de rezar, los asistentes comen ahí o se la llevan en recipientes para disfrutarla en casa. Esta tradición no es originaria de Torreón, sino influencia de Zacatecas. A pesar de lo anterior, la “reliquia” en Torreón ha cobrado a lo largo de los años arraigo, tradición, seguidores y mucho, pero mucho sabor.

Deja tu comentario