“Milando”

Recuerdo entre los chistes sobre mexicanos, uno donde el Supremo Creador repartía bondades para la tierra, mares, bosques y demás.  Cuando llegó el turno de México dijo que le daría todo en abundancia, y cuando le reclamaron el exceso, él contestó  que a cambio lo llenaría de mexicanos. Relaciono lo anterior con la noticia sobre que el maguey y el nopal pueden ser patentados por empresarios chinos.

Ambas son plantas nativas y representativas de nuestro país. El nopal, por ciento es el único cactus que aparece en una bandera, en la nuestra. Es uno de los símbolos más importantes de nuestra identidad. Representa una pieza clave en la mitología histórica de la fundación de la gran Tenochtitlán, que significa “nopal sobre la piedra”. Los aztecas le llamaban  nopalli o  nochtli, hay evidencias  fechadas desde hace siete mil años, tanto del nopal como de su fruto la tuna. En excavaciones realizadas en Tehuacán, Puebla, se encontraron semillas y cáscaras de tuna y fibras de penca de nopal fosilizado.

Del nopal es viable obtener una gran diversidad de compuestos químicos tales como aceites comestibles, vitaminas, azúcares, pectinas y colorantes. De lo anterior se puede trabajar subproductos: jugos, néctares, vinos, licores, alcohol industrial, vinagres y aromatizantes.

El maguey también tiene su origen en nuestro país. Los estudiosos afirman que esta agavácea se usó por sus fibras y por el aguamiel desde hace por lo menos diez mil años. Existen más de 200 especies de este género con diferentes formas, tamaños, tonalidades y maneras de subsistencias. El agave se ha aprovechado entre otras cosas para fabricar aguamiel y pulque, mezcal, jarabe de agave; con las fibras de las hojas, es decir el henequén, se fabrican tejidos, hamacas y empaques; con las pencas se hacen tejas; el tallo  también llamado quiote, es utilizado como vigas; habilitaban las espinas de las pencas como clavos y agujas y también, del tronco enraizado elaboraban tambores.

Además de todas las bondades anteriores tanto el nopal como el maguey representan una fuente de empleo permanente en el medio rural, por ciento la del henequén es uno de los peores pagados. Según estadísticas de la FAO, la producción mundial de henequén es de 300 mil toneladas anuales, Brasil produce un 40 por ciento con 120 mil, China tiene actualmente un 20 por ciento, con 60 mil y México sólo aporta por año 4 mil 266 toneladas, mientras que en 1960 producía 160 mil.

 Para asombro de muchos la industria henequenera instalada en Yucatán, está adquiriendo hilados y tejidos de henequén fabricados en China. El año pasado las fábricas de ese país vendieron 32 toneladas de ese producto a México, equivalentes al 54 por ciento de todas las importaciones de ese material, y es obligado mencionar que es de mejor calidad y más barato que el producido en Yucatán.

Por si esto fuera poco, las fábricas chinas también producen y venden máquinas para la industria cordelera. Con esa visión primermundista los chinos  comenzaron a fabricar ropa de fibra de henequén, artesanías y artículos decorativos, con mucha demanda. Más del 60 por ciento de esa producción se exporta a Europa, Estados Unidos e incluso a México. Con un interés en el cuidado del medio ambiente, el gobierno chino prevé un aumento en la demanda mundial de henequén. El dragón dorado tiene ambiciosos  planes de expansión industrial y comercial, además de disponer de 230 mil hectáreas susceptibles de sembrar henequén y satisfacer la demanda mundial de la fibra que se avecina.  Y mientras estos orientales incansables planean y trabajan y trabajan, ¿quién se queda “milando” como el chinito?

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