Menos face y más book

“Los libros son como las abejas,

Que llevan el polen de una inteligencia a otra”

James Rusell Lowell

“A mí se me afigura que te vas a volver más loca, de tanto leer y leer” me decía con mucha frecuencia Cuca, la señora que nos ayudaba en las labores domésticas en mi casa paterna. “Hay, mi lectora mexicana, te vas a deschavetar como don Fulgencio, de leer tanto se volvió loco, ¿de veras no te da miedo? Así vas a andar toda lela nomás cuente y cuente historias. Y luego pones esa música lenta sin letras, que siento que me estoy muriendo, me siento allá bien lejos. No. A mí ponme a José Alfredo o a Javier Solís, pa´que me alegren”.

A Cuca le causaba extrañeza mi costumbre para devorar libros. Entre sus copiosos dichos recurría con frecuencia a: “Como no sé leer, ni en los anuncios me fijo”. En vano intenté en muchas ocasiones enseñarla a leer yo misma y a través de programas de alfabetización con pésimos resultados. Ella forma parte de los las estadísticas de nuestra población iletrada, no necesita las letras para defenderse; sabe hacer operaciones matemáticas básicas y se aprende los dibujos de las calles, del mercado y  de las carreteras para saber su significado.

No tenemos la certeza del promedio de lectura del mexicano. Algunas encuestas opinan que es medio libro, uno o hasta 2.8 por año. Lo cierto es que esa extraña costumbre es ajena en nuestra cultura nacional. Esa deliciosa adicción a los libros progresiva y mortal es desafortunadamente para círculos muy pequeños que atentan contra la ignorancia nacional. El libro para la mayoría de los mexicanos es un instrumento de poca utilidad, no necesario, de lujo y ajeno.

Me apena compartir el resultado del estudio “Hábitos de lectura” elaborado por la Unesco y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que descubre a México en el lastimoso sitial 107 en una lista de 108 países estudiados. Es decir, sólo el 2% de la población lee de manera permanente. De acuerdo a los datos recabados, Japón ocupa el primer lugar mundial ya que el 91% de su población ejerce el hábito de la lectura. El segundo sitio es para Alemania con un 67%, y le pisa los talones Estados Unidos con un 65%.

Es patético conocer estas estadísticas. De manera que quizá se cubra un poco esa vergüenza, porque como los mexicanos no leen, ¿cómo se enteran que están avergonzados? Siguen pésimos datos 40 por ciento de nuestros paisanos jamás ha pisado una librería ni por error. Existe una tienda de libros por cada doscientos mil habitantes. En todo el país hay solamente seiscientas librerías.

La lectura estimula la imaginación y la creatividad es una incomparable fuente de cultura que aumenta la capacidad de memoria y de concentración. Es importante realizar labor desde nuestras trincheras para promover esta acción. En Torreón existe un creativo programa radial llamado Que hablen los libros. Maneja un dinámico y divertido esquema en el cual el invitado en turno comenta una obra cada jueves. Por su parte el Comité Municipal del PRI ha realizado interesantes ejercicios del tema logrando casi mil 200 lectores en 31 días; además del Círculo de lectura semanal. Felicitaciones a estos promotores Renata Chapa González, Salvador Hernández Vélez y Luis Enciso Canales. Cierro con una frase de mi librería favorita con logo amarillo y morado: Menos face y más book.

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