Lupita “la de las flores”

Los ángeles no son alados, ni viven entre nubes. Van jugando a ser ellos, mientras esparcen polvo de cometas. Hace días conocí a uno, vestida de mujer. Su falda y vestido blanco contrastaba con su piel morena y su cabello negro apaciguado con una media cola. Ambas esperábamos subir al elevador de la Clínica 71 de especialidades del IMSS, en Torreón, Coahuila. En tres patadas nos acomodó a los tripulantes, incluyendo según sus propias palabras a una señora con su nave, quien se trasladaba en silla de ruedas. Pensé que la mujer morena trabajaba en “el seguro”, pero mientras subíamos me contó que su cita era en la tarde y apenas se dio cuenta.

Íbamos al cuarto piso. Ahí me esperaba mi hermano Jaime. Mi mamá, mis hermanos Lourdes y Sergio, y mi cuñada Gloria estaban del lado de “los encamados”.  Sergio es químico en ese centro médico y nos comandaba en los trámites previos para una intervención quirúrgica que le realizarían a mi mamá.

Mis hermanos y yo llevábamos el corazón a la intemperie. Le detectaron cáncer de esófago a mi mamá y esperábamos al médico que la operaría. Nos sentamos todos juntos en una orilla, en silencio. Pensaba en la serenidad que mi madre mostraba en cada una de las operaciones que me han realizado a lo largo de mi vida, en todas me ha acompañado hasta la sala previa al quirófano, ecuánime, firme, tranquila. No sabía de donde tomaría fuerzas para regresarle lo mismo. Pensaba en qué pensarían mis hermanos y cómo estaría mi papá, quien se quedó en la tienda.

Le pregunté a la morena que si había arreglado lo de su cita. Ella estaba frente a nosotros. Me explicó que aún no sabía, que debía esperar a otra persona. Señaló que debía esperarse  a arreglar otro asunto, y no tenía opción pues para llegar había tomado cuatro camiones. Me preguntó mi hermana con discreción que quién era. Le contesté en cuchicheo que no sabía. Nos vio a todos y casi a gritos nos preguntó que si éramos hermanos. Mi mamá afirmó. Luego preguntó que si mi hermano Sergio era su esposo. Todos nos reímos fuerte. Cuando supo que no es su marido, sino su hijo, no lo podía creer. Después, sin más, afirmó: “todos tienen las mismas narices, si se parecen, menos ella que no es de ahí”, dijo refiriéndose a mi cuñada.

Para ese momento los pacientes sentados a nuestro alrededor sólo nos miraban. Luego la morena preguntó si teníamos más hermanos. Le hicimos saber que no.  Nos echó otra mirada larga y dijo que era padre vernos en familia, que qué hacíamos. Cuando se enteró, le dijo a mi mamá: “Achis ¿y su marido?, ¿por qué no vino? Puede haber tres razones: no quiso, tenía mucho trabajo, o no tiene”. Nos reímos a coro. Gracias al cielo pasó un desfile por ahí. Mi hermana y la morena corrieron en estampida a verlo desde la ventana. La morena le reclamó a mi hermana que la había dejado hablando sola, que la acompañara para “mitotearle”.

Antes de irse le preguntamos su nombre y con serenidad, dijo llamarse Lupita y que vivía “en las flores”. Expuso la importancia de estar unidos, de pedir con fuerza para que todo saliera bien, que a su hijo lo habían operado un mes atrás en ese “seguro” y que estaba perfecto. Se despidió de mano con cada uno de nosotros, les dijo a los demás que hasta pronto. Se fue contenta y nos dejó igual. Luego de algunas risas, regresó otro silencio.

Pospusieron la operación dos semanas. Mi mamá y mi hermana se preguntaban qué mensaje había detrás. Era la tercera vez que la postergaban. Los días posteriores salió negativo el cáncer. Los doctores pidieron otra biopsia. El martes pasado nos dijeron que salió negativa por segunda vez. Nos regresó el alma al cuerpo. No quise pensar en quien nos dio el resultado positivo, ni en todas las marañas generadas en torno a ello. Preferí rumiar en torno a la buena noticia, en todas las muestras de cariño que nos dieron familiares y amigos, aunque dicho sea de paso en lo personal sólo le dije a tres personas. Sé que Lupita “la de las flores” es un ángel que sigue esparciendo su polvo de cometa, para alegrar a otros en situación difícil. Le mando mucha luz, donde quiera que se encuentre.

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