Los sueños de Cornelio

Siempre sonríe. Lleva su overol de mezclilla, camisa de cuadros, botas y un sombrero. El ingenio se ve en el atado de alambre en el cual exhibe sus galletas de miel. Una bolsa por 15 pesos y dos por 25. Su insistencia es admirable, además de mi marido, conozco a pocas personas que no sueltan su objetivo hasta tenerlo entre las manos. En una ocasión iba con un amigo y se acercó al coche en el cual nos trasladábamos, todo el tiempo que en espera de cambio de luz, le imploró de varias formas que probara su producto. Esa vez Cornelio no ganó.

Su espacio de trabajo es la confluencia de la Avenida Abasolo y el Periférico Luis Echeverría Álvarez, en Saltillo, Coahuila. Tan pronto se pone el rojo del semáforo empieza a sonreír en busca de su víctima. Toca el vidrio del carro, les dice que las galletas están muy ricas, crujientes, nutritivas y preparadas en casa. Ante esa cara angelical, las niñas y jovencitas insisten a sus mamás que le compren y la mayoría de las veces cierra la venta en menos de un nuevo cambio de luces del semáforo. Tiene una mirada llena de luz, como la de la gente que es buena, que es noble y vive sin complicaciones, feliz con lo que tiene, y creo, que también con lo que no.

En otro momento transitaba por esa esquina con mi familia. Mi marido le preguntó: ¿Cómo se llama usted? Él contestó que no era usted, que tenía 14 años, que él era tú. Entonces le cambió la pregunta: ¿cómo te llamas tú? Sonrío complacido y dijo que su nombre es Cornelio. Le preguntamos por sus jornadas de trabajo. Dijo que llega a las nueve de la mañana y se va a las nueve de la noche.

Recordé el complejo menonita de La Honda en la carretera Miguel Auza Fresnilo, Zacateccas. Tiene tiendas de autoservicio, llanteras, pizzerías y accesorios para la agricultura, entre otros. Sus casas son enormes, de buen gusto, que no le piden nada a las de zonas residenciales de nuestras ciudades. Si los adolescentes trabajan doce horas diarias, ¿cuánto tiempo le invertirán los adultos a sus labores?

Cornelio vive el día a día con la esperanza de terminar de vender sus galletas. A sus 14 ya está formado para la vida. Él sabe cuál es su aportación laboral en la cadena familiar, cada uno tiene una función en el equipo. No sabe si su carga es ligera o pesada, no cuestiona, solo la realiza. Falta saber sobre los sueños de Cornelio.

 

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