Los reflectores

No eran los mejores. Nunca fueron a la escuela ni se esforzaron en ser disciplinados, más bien se distinguieron por ser desobedientes, buscadores de admiradores y quienes los encariñaran. Él tuvo la firme convicción de saber su origen de alcurnia, ha vivido en mi casa desde que tenía tres meses. Creció sólo con una tortuga del desierto como amiga. Ella nunca se vio ante un espejo, se formó la idea de ser una raza superior. Luchaba sin piedad contra los poderosos, pensando que estaban a su mismo nivel. La felicidad de ambos se incrementó cuando cruzaron sus miradas. Fue amor a primera vista. Por eso el destino se empeñó en dejarlos juntos hasta que la muerte los separe.

Ambos se hicieron inevitablemente monógamos. Él es enamorado hasta sus más fieles ladridos. Ella sabía que él le daba felicidad a su corazón. Era recíproco.  Causa sorpresa descubrirlos juntos, saber que son pareja en ejercicio y verles su aspecto sólido, el rostro cubierto de pliegues y su nariz sin sobresalir. Pero sin duda, lo que más llama la atención son sus enormes ojos oscuros y saltones. He llegado a pensar que los de ella pueden salirse si hace algún esfuerzo. Dicen los especialistas que entre más rizada sea su cola son más finos. Ahí comprobamos el pedigree de él, de Oliver, el perro más adorable y noble de todos los pugs, de su ascendencia china al cien por ciento.

Ella es más mundanita, llegó a mi casa cuando ambos iniciaban en los andares de darle alegría al cuerpo. Cuando su antigua dueña la regresó a su casa, después de consumar lo que debían consumar, ya la Britney nunca fue la misma, se entristeció y supo que su vida canina debía ser solo para el Oliver. Desde ahí hizo la vida junto al Oliver. En seis años juntos propagaron su especie una y otra vez, hasta que su veterinario gritó: ¡Basta!

Llevarlos a caminar es toda una experiencia. Los hemos llevado al Paseo Colón y vaya alegría. Fuimos la familia en pleno, mi esposo, Jimena mi hija dueña de los pugs también presentes y yo. Desde llegar al Paseo es una diversión irnos las mujeres de mi casa atrás de la camioneta con el marcaje personal de cada perro porque son muy inquietos a pesar de su edad. Si nos descuidamos brincan afuera de la caja o se zafan la correa. Hay que estar siempre alertas.

Ellos son los protagonistas, se saben admirados, les encanta que los acaricien los paseantes, retan a perros de razas mucho más grandes, toman mucha agua y siguen. La Britney ha subido mucho de peso y de plano se nos rajó este domingo. Así. Sin más. En franca actitud de “hasta aquí llego” se paró en seco con las patas abiertas. Tuvimos que cargarla para aminorar su fatiga. Los paseantes a su alrededor se admiraron de este acto canino.

El Paseo Colón es una excelente idea hecha realidad que nos ofrece a los laguneros una zona de esparcimiento familiar. Andar patines, en bici o monociclo, ir en patineta o a patín te permite observar lo que no te deja el flujo vehicular y la prisa cotidiana. Los espectáculos infantiles, deportivos, culturales o recreativos son es un extra interesante que permite siempre sea diferente y que no se pierda el interés en asistir. Ojalá se convierta en un rito dominical para muchas familias. Felicidades por este esfuerzo conjunto de sus organizadores. Que sigan los reflectores para Oliver y la Brintey.

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