Los placeres que Arcelia nos comparte

El libro Evocaciones del sabor y del alma de Arcelia Ayup Silveti nos permite, entre otras cosas, conocer a una mujer enamorada de los deleites que ofrece el ejercicio gastronómico. Cada página de este compendio tiene un aroma apetitosamente distinto, y en cada esencia paladeamos, como si lo tuviéramos ya en la mesa, el platillo que se presenta. Hasta al más desinteresado en temas de cocina le darán unas ganas tremendas de debutar en este bello arte. Desde el inicio, Arcelia nos deja claro que se trata de eso. Cocinar es un arte.

La autora comprende muy bien el significado de las palabras de Laura Esquivel, que incluye en este libro y que versan así: “Creo que actualmente la cocina es el último reducto que el mundo nos ha dejado para ejercer la generosidad”. Lo comento porque Arcelia no sólo comparte con nosotros su inagotable afición por la transformación de la comida en regocijo gastronómico, no sólo regala sus recetas más queridas, las que la han acompañado durante muchos años con recuerdos agradables; además, nos abre las puertas de su vida. Cada platillo tiene un significado especial para ella, y llega a nosotros convertido en anécdota, Arcelia se nos da sin reservas, es generosa, la conocemos a través de su obra, y cuando evoca recuerdos, nos hace partícipes de su historia. Ella misma lo escribió: “Compartir Evocaciones del sabor y del alma significa mostrar algo muy personal, reunido a través de varias generaciones y países. Espero que sea una aportación para mi tierra.” Ha de ser por ello que la receta que recuerdo con más conmoción es la capirotada, porque, más allá de hablarme de cantidades de ingredientes y modo de preparación, me habla del inmenso amor y admiración que Arcelia tiene para su madre. Cuando leí esta receta, fue imposible no imaginar la cara de nuestra querida Arcelia con un dejo de nostalgia.

Además, Arcelia también se nos revela como admiradora de personajes que en diferentes etapas de la historia compartieron, además de sus obras majestuosas, el respeto e interés que tenían por el arte culinario. Es así como Laura Esquivel, autora de la novela Como agua para chocolate; Sor Juana Inés de la Cruz, excelsa y admirable mujer que rompió paradigmas en su época; y Leonardo da Vinci, el pintor de la Mona Lisa, aparecen en este libro unidos por el gusto de cocinar y a través de ellos es que nos propone obras de artes que se pueden comer.

Evocaciones del sabor y del alma es un viaje que su autora nos invita a hacer mediante la lectura de sus páginas, el aroma a cotidianeidad transformada  en magia está latente desde que el libro se abre, hasta que pasamos por la última hoja. Un dejo de satisfacción se nos aparece como incentivo para dedicarnos a preparar al menos uno de los platillos empapados de historia, razón por la que, a partir de ahora, ya no son sólo de Arcelia, también son de nosotros.

Se agradece que alguien comparta con la gente algo tan propio y tan querido,  es como revelarnos sus secretos más íntimos con la seguridad de que les daremos el tratamiento que merecen. Arcelia confía en nosotros, es una mujer que ofrece lo mejor de sí. En cada uno de sus consejos culinarios de descubre a la persona que escribe, que sabe ser espléndida con los demás y que  gusta de hacer amistades a través de la evocación de sabores exquisitos.

Este libro es un regalo que se dio con el corazón, hay que recibirlo de igual forma, con el ánimo de zambullirnos en el remolino deleitoso de las texturas y los regocijos del paladar. Arcelia nos agasaja, nos lleva de la mano y habla de ella, hace que sus recetas las sintamos nuestras y nos hospeda en el éxtasis de cada metamorfosis fantástica de los alimentos sagrados. El resultado es fascinante: un platillo delicioso, y un recuerdo memorable.

Evocaciones del sabor y del alma es un cúmulo desbordado de placeres no solamente gastronómicos que Arcelia nos comparte, ella encontró el pretexto perfecto para acercarlos a nosotros. Cuando tengamos este tesoro en nuestras manos, es necesario, pues, estar dispuestos al disfrute de todos nuestros sentidos, a “gozar inteligentemente de los placeres de la mesa”.

Karla Alvízar

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