Libélula (Parte II)

Continuamos con el tema de la semana anterior relacionado con las libélulas. En las lecturas realizadas descubrí que hay gran cantidad de información sobre el aspecto del simbolismo que varias culturas le han otorgado a estos seres alados. Las también llamadas odonatos o caballeros del diablo, han ganado fama de ser por un lado, portadoras de la buena suerte, y por el otro, se les atribuye con seres malignos.

Era símbolo de la pureza del agua en la cosmogonía prehispánica de México. En el arte pictórico aparece Tláloc el dios de la lluvia, en un paraíso compuesto por flores, arbustos de cacao, maíz con mariposas y libélulas alrededor de la escena. En Chiapas, los tzotziles valoran las libélulas porque son seres que curan. Cuando los niños babean, pasan por la boca de éstos a tres caballeros del diablo. Afirman que con esto se alivian de por vida. En el estado de Quintana Roo realizan un baile original, herencia de los prehispánicos de la zona. Consiste en recrear el vuelo mágico de la libélula macho  cuando corteja a la hembra.

En Tahití los adultos consideran a los odonatos entes misteriosos de los dioses y espíritus, mientras que en Escandinavia se consideran animales santos. La mitología hindú afirma que cuando alguien muere, su alma se convierten en libélulas que vuelan y esperan renacer en otra persona.

Compartiré la interesante aportación de mi amiga Gladys Aguirre Balza, directora del Parque Estatal Cañón de Fernández. “… en relación a tu artículo te comento que la libélula es el emblema de los humedales, concretamente de los Sitios Ramsar, ya que están muy relacionadas con los cuerpos de agua. En el Cañón tenemos varias especies y me encanta observarlas. Algo tienen de misticismo, estoy de acuerdo contigo”.

Sin embargo, está el reverso de la moneda. Los mexicas los relacionaban con entes malignos. En algunas regiones de Suecia, se tiene la creencia que si un caballero del diablo vuela sobre la cabeza de alguien, puede tener una herida y su alma no será libre. En Filipinas, piensan que si una libélula se para en el cabello de una persona, se volverá loco. En algunas áreas norteamericanas, existe la superstición que los odonatos pueden coser la boca, los ojos y los oídos de los niños que cuentan mentiras. Estos seres se consideran brujas en algunas ciudades de Dakota, Italia, Irlanda y Escocia. Leyendas o no, lo cierto es que cuando el hombre empezó a fundar sus ciudades cerca de los ríos las libélulas ya habitaban allí, el resto es cuestión del hombre.

 

 

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