Las pequeñas grandes cosas

Es triste constatar que nuestras actividades diarias, compromisos y preocupaciones obnubilan los placeres que nos brinda la naturaleza. Recordemos cuándo fue la última vez que estuvimos tirados en un parque público o en un jardín. Cuándo nos sentamos sólo a mirar y a percibir aromas que nos brinda el entorno. Hace poco, platicaba con un primo, que se sentía agobiado por su trabajo, estaba muy presionado y agitado. Me preocupó y le pedí se regalara cinco de minutos, no más. Le dije que se sentara en una postura cómoda, cerrara los ojos y se dedicara a escuchar sus latidos, que no atendiera sus pensamientos y se concentrara sólo en eso.

Al término del tiempo pactado, cuando abrió los ojos, lo noté distinto, parecía como si hubiese dormido una reparadora siesta. Se veía tranquilo, había equilibrado su respiración y estaba más tranquilo. Le fascinó el sencillo ejercicio y dijo que nunca se había imaginado que en un lapso tan corto y sin necesidad de más nada, pudo descubrir su interior. También comentó que jamás había hecho algo similar, pero sin duda le fascinó era el resultado, su estrés se había ido. Se sentía sereno y más él, como si se hubiese conocido a sí mismo en ese momento.

En una ocasión le pregunté a una amiga que vive en el Distrito Federal sobre una linda montaña cercana a su casa. Me comentó que nunca se había percatado de su existencia en casi 20 años de radicar ahí. Muchos de nosotros ponemos poca atención a nuestro entorno pero también a nuestro interior, vivimos inmersos en el desencanto moderno de la vorágine diaria. Rememoro lo anterior porque he observado gran cantidad de mariposas en la capital de Coahuila. Cuando he preguntado a las personas con las que más convivo casi todas me han dicho que no se han percatado de la presencia de estos bellos insectos alados.

Se trata de una de las manifestaciones de la primavera, la proliferación de colonias de mariposas multicolores. Verlas revolotear en grandes cantidades es un regocijo. En Saltillo se pueden apreciar, sobre todo en zonas arboladas. Hace días estuve de paso en Rosita y en Piedras Negras Coahuila. En la carretera Monclova-Rosita daba gusto verlas en remolinos, igual que hace años se podían apreciar a las mariposas monarcas. Las que vi eran blancas o amarillas, de aspecto pequeño y frágil. Fui consciente de las grandes cantidades hasta que estuvieron haciendo contraste sobre los montones de arena sobre la carretera.

Pude investigar muy poco sobre estos seres que adornan las calles y los cielos. Me comentaron que estas colonias se multiplican gracias a las condiciones de humedad y precipitaciones pluviales de las últimas semanas suscitadas en Saltillo. Que en esta temporada por lo general nacen de sus capullos y sus periodos de vida son relativamente cortos. En realidad se trata de distintas variedades negras con azul o anaranjadas con rayas obscuras, aunque en lo personal, sólo he observado en tonos lisos tanto amarillas como blancas.

También me comentaron que algunas tienen colores poco firmes y sus alas maltratadas, que esas son de la primera generación, y que las más brillantes son las emergieron en el camino. Desconozco el origen, el destino, el nombre y el tiempo de vida. Voy a confesar que a pesar de esto me alegra no tanto mi ignorancia, sino el que me hayan alegrado unos días con sus vuelos, su presencia suave que nos invita a recuperar nuestra capacidad de asombro, y el placer por esas pequeñas grandes cosas de la vida.

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