Lalo el memorioso

Lalo maneja las estadísticas partidarias más actuales del país. Consigue todas las revistas de política. Sus intereses principales son los gobernadores de Coahuila, Humberto Moreira Valdés; el del Estado de México, Enrique Peña Nieto; así como el presidente estatal del PRI, Rubén Moreira Valdez. Estos personajes políticos son sus temas favoritos. Es difícil que se distraiga. Lalo cuestiona, comparte sus criterios y enriquece su información con otros priistas.

Nadie sabe cómo se ancló en el PRI Torreón. Algunos dicen que llegó en esta administración; otros, que desde algunos años. Lo cierto es que Lalo, Lalito, como le llaman con aprecio, me recuerda al personaje de Jorge Luis Borges, Funes el memorioso, con una retención envidiablemente prodigiosa.  Da la impresión como si no prestara atención, pero en realidad va acomodando los números, los estados de nuestro país, futuros escenarios, poniéndole rostros a cada partido político. Escuché sobre su capacidad de almacenar datos de los laguneros. Sabe los arboles genealógicos, fechas de matrimonios, cantidades de hijos, lugares de residencia, expedientes médicos y defunciones de familias enteras. Tenía el antecedente de varios amigos sorprendidos con él. Me contaron, admirados, la gran cantidad de información que guarda.

Me resistía a preguntarle mi caso personal, pues supuse que no estaría inventariada en su enorme procesadora de datos particular. Un día, sin más, me soltó la pregunta: ¿tú eres hija de Jaime Ayup Sifuentes? Le contesté que sí, con temor a abrir mi expediente. Pero no escuchó mis pensamientos. Siguió y siguió. Me dijo cuando murió mi abuela paterna. Me contó que mi abuelo José Ayup Teddi tenía ochenta y dos años cuando lo alcanzó un cáncer y terminó con él. Sabía el día exacto en que fallecieron cada uno de mis tíos, tías y primos. Me dijo que mis abuelos concibieron catorce hijos en total, que dos hermanas de mi padre murieron cuando eran pequeñas, y quedan sólo tres hombres. Quise no creerle porque yo misma no recordaba. Después me lo confirmó mi papá: todo era real. Sentí escalofríos.

Cuando me detalló lo anterior estaba conmigo mi amiga Lolis García, quien sólo abría los ojos  asombrada. Para comprobar que ahora el cerebro de Lalo desconocía las ramas de la priista, le pregunté, “A ver, Lalito, ¿conoces a los papás de Lolis? “Dime cómo se llaman”, contestó el hombre mirando hacia el suelo.  Apenas supo los nombres, empezó una retahíla de información sobre su familia que mi amiga no daba crédito al escuchar las verdades que le aventaba, sólo asentía. Ambas nos reímos de nervios. Al terminar  mientras nos mostraba su bolsa de plástico con su mercancía  nos dijo: “Maestras, ustedes me caen muy bien. ¿No me dan para una soda? O si no, cómprenme un chocolate”.

Así se renta Lalito para contar las verdades a quienes van al PRI Torreón, a cambio de una gratificación o la compra de algún chuchuluco de su mini tienda ambulante. De esta manera, se mantienen él y su mamá. Tiene para vivir frugalmente y le alcanza para comprar sus codiciadas revistas políticas. No sabe leer, por eso pide a las personas de su confianza que lo hagan por él. Las escucha una vez, con eso es suficiente para que Lalo el memorioso guarde esos apuntes para siempre.

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