La música como adicción

Cuando uno hace lo que le gusta, se endulzan y embellecen las facciones. La mirada parece enamorada. Así percibí a Natalia Riazanova mientras dirigía la Banda del Bicentenario. La ruso coahuilense, sabe transmitir esa pasión musical a los integrantes de la banda. Daba gusto ver a jóvenes desde los diez años y adolescentes concentrados en cada nota, esperando el toque de la batuta. Los músicos adultos, también ensimismados en sus partituras, se veían complacidos de la respuesta del público.

Fue el concierto de la Banda del Bicentenario en la explanada de la Iglesia del Inmaculado Corazón de María, de Torreón Jardín, el pasado viernes 22 de octubre. La creación de este ensamble nace para engalanar a los festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana. La intención fue agrupar músicos de diversos grupos para armar un programa mexicano. Iniciaron con la Banda Municipal de Torreón y posteriormente se integraron elementos provenientes de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Torreón. Son ahora sesenta integrantes de la Banda del Bicentenario.

El profesionalismo de la maestra Riazanova se manifestó en dicho concierto. En menos de un año, la violinista logró conjuntar esa gran calidad musical de cada uno de los elementos de la banda. El público estaba conmovido, alegre, de haber sido participe de esta manifestación de arte. El repertorio mexicano deleitó hasta los más jóvenes, quienes escucharon atentos: “Sobre las Olas” y “Carmen”, de Juventino Rosas; “De Lerdo a Torreón”, de Pioquinto González; “Danzones” de Agustín Lara; “Cielito Lindo” de Quirino Mendoza; “La Bikina” de Rubén Fuentes y “Dios Nunca Muere”, de Macedonio.

La directora comentó que Juventino Rosas se vio orillado a vender en Europa la autoría de su bella obra “Sobre las olas” por cuarenta y cinco pesos. Entre quienes se adjudicaban su creación está Johann Strauss hijo, porque la creación es realmente bella y de gran calidad musical. Pero, por fortuna, luego del tiempo estipulado en aquel contrato, se le regresó el reconocimiento de autor a Rosas. En otro momento aclaró que el nombre real del casi himno lagunero, la famosa pieza de González es “De Lerdo a Torreón” y no como le llamamos comúnmente “De Torreón a Lerdo”. Al finalizar, los 800 asistentes de pie despidieron a la Banda del Bicentenario que los hizo, cantar bailar y sentirse adictivos a la música.

Es necesario un agradecimiento a los sacerdotes de la iglesia sede, el padre Aurelio González Rodríguez y César Castillo Soto, también a la cabeza de la Dirección Municipal de Cultura del Municipio, Norma González Córdova por esta ofrenda para a la ciudadanía. Con la intervención de ellos resultó un agasajo este tercer concierto de la Banda del Bicentenario.

Felicidades a cada uno de los músicos y a su directora, la maestra Natalia Riazanova, por su profesionalismo, quien se entregó a su labor a pesar de tener una fuerte gripe. Ella promueve entre los  jóvenes principalmente que tomen la música como adicción, para vencer las drogas, y otros males que acechan cada vez más fuerte a la ciudadanía. Hacer sonar bien a músicos experimentados puede ser fácil para cualquier profesional, sin embargo, lograr este resultado con quienes no son expertos es un gran reto que Riazanova vence, gracias a su fuerte carácter y a lo mucho que ama a su profesión. Es una verdadera lastima que la Banda del Bicentenario dure sólo para los festejos del centenario.

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