La joya más antigua

En esa pequeña comunidad se habla de apariciones, mitos, leyendas, tesoros escondidos, túneles secretos e incendios. También se dice que en el interior de la iglesia enterraron al capataz de la hacienda, apodado “El Curro”. Respecto al túnel hay dos versiones: que lo hicieron para que los dueños de la hacienda llegaran a la iglesia sin ser vistos. La otra interpretación y más lógica, es que servía para salvarse de los constantes ataques apaches.

Me remito a finales del siglo XVI, a la antigua ex hacienda jesuita fundada por el padre Juan Agustín de Espinosa en 1598. Al frente existió una capilla con su retablo de hoja de oro, hermosos óleos novohispanos con los santos adorados por los religiosos del lugar. Al lado, una fábrica de locomotoras. Al centro de todo, una plaza con pinabetes, mezquites y otros árboles de la región. Todo en un pueblo con un rasgo distintivo, construido alrededor de la plaza, sin calles intermedias. Esta forma de construcción también era para defenderse de las agresiones apaches.

En 1767 inicia la expulsión de los jesuitas y otros miembros del imperio español arraigados en la laguna. La administración de la Hacienda junto con muchas propiedades de esos religiosos pasó a ser administrada por un comité temporal de interventores. La hacienda fue comprada por el potentado español Leonardo Zuloaga en 1841. Se fue a vivir junto con su esposa a ese bello sitio, lleno de las comodidades de la época. Ahí Zuloaga empezó a planear el desarrollo agrícola y ganadero.

La gloria de la Hacienda de Hornos fue durante la época industrial. Es importante mencionar que los talleres de fundición daban mucha vida al pueblo. Fabricaban locomotoras, vagones y tranvías, y logró ser la empresa más importante de todo el país. Pero el auge terminó con la aplicación del famoso tratado de Bucareli de 1923 firmado por el presidente Álvaro Obregón. En dicho tratado el Gobierno renuncia a la elaboración de maquinaria pesada a cambio de recibir el reconocimiento norteamericano. Ello trajo como consecuencia el fin de un gran emporio económico. En 1936 con la Reforma Agraria, no logró salvarse de ser expropiado al igual que muchos inmuebles. Los hacendados y demás pobladores tenían la fortuna de contar con el servicio de tren a poca distancia. La ruta ferroviaria era Torreón-Viesca-Parras-Saltillo.

La iglesia de Santa Ana de los hornos, pertenece al ejido Venustiano Carranza, en Viesca, Coahuila, es el monumento histórico más antiguo de la región lagunera. Hace años daba pena ver el deterioro de la construcción y la obra pictórica. Los siglos le cayeron encima a los óleos y era evidente que necesitaban una restauración. Según cuentan los pobladores, como anteriormente no había atención en la capilla, hurtaron dos obras de arte del siglo XVI.

Ahora, da gusto visitar la ex Hacienda de Hornos, remozada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, gracias a los apoyos del gobierno de la gente, de la “Fundación adopte una obra de arte”, de “Fundación Lala, y del Fondo Nacional de Conservación de Monumentos. La antigua ex Hacienda de Hornos está restaurada casi en su totalidad. La capilla es un orgullo, el retablo de madera policromada es una de las obras más representativas del santuario.

El ejido tiene un marcado estilo español. Los pinabetes están por todos lados, sobreviviendo, son los que ellos plantaron y usaban para romper las cortinas de viento, de esa manera evitaban la erosión de la tierra. A pesar de que nadie los riega ni tienen cajete, los pinabetes están erguidos, fieles, ofreciendo en cambio una gran sombra, oxigenando, y con su ramaje mejoran la calidad de suelo. La última vez que visité el sitio, posamos diez personas a su alrededor de un enorme pinabete, con las manos entrelazadas, todos parientes, todos contentos de atestiguar el cambio de esta joya.

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