Expedición del “Recalentado anual”

Leí muchas defensas del lugar y observé fotos maravillosas de lagartijas diminutas. Cuando lo viví, me alimenté de un escenario de vida hechizada. Tenía muy claro a lo que iba, al encuentro con pinturas rupestres, maravillosas conformaciones rocosas, especies endémicas de minerales, flora y fauna en peligro de extinción. Todo eso y más para el grupo de expedición del “Recalentado anual”. Durante varios años, conocimos lugares cercanos, sólo nuestros amigos, igual de zafados que mi esposo Salvador y yo, nos seguían tan temprano, en pleno 25 de diciembre, buscando nuevos sitios por recorrer.

Ellos, laguneros en su mayoría, residentes del Distrito Federal y de Estados Unidos, disfrutaban de esos lugares rociados por un sol parejo. Anhelaban quizá un pedazo de tierra sin ruido, sin consumismo, sin miradas indiscretas ni cabida para el smog. Se sentían acogidos por espacios mágicos, con poca difusión y grandes sorpresas desdeñadas. Todos viajeros del mundo, hasta los más jóvenes, conocedores de historias, de leyendas, con capacidad de asombro y con la suficiente humildad para reconocer lo bello.

Se admiraron al saber que existe una orquídea desconocida, más de 256 especies de flora y fauna, un bosque de encinos, además de minerales, cactáceas, reptiles y cuatro víboras de cascabel endémicas. Después de recorrer 32 kilómetros sobre la carretera a Chihuahua nos recibió un escenario natural de altas y caprichosas montañas bañadas de contornos de luz y sombras viajando por tonalidades ocres, rojizas, blancuzcas, verdes y azuladas. ¿Quién de nosotros sabía lo que nos aguardaba?

Los integrantes de la “Expedición del Recalentado Anual” jamás olvidaremos ese lugar maravilloso, casi inimaginable, la imponente Sierra del Sarnoso. En retrospectiva, confieso sonrojada, que atrasé en varias ocasiones la visita a este bello sitio, porque mi menesterosa neurona albergaba la imagen de un cerro pequeño y con roña. Me daba prurito y comenzaba a rascarme para alejarme de dicha escena. Así que hablaba maravillas de las otras opciones para que tuviesen mayor votación e irnos en estampida a recrearnos los sentidos sin tiña que nos persiguiera.

Las ocurrencias de la naturaleza  acomodaron piedras con alucinantes formas, entre ellas las bautizadas con los nombres de “El hongo”, “Oso con su bebé”, “Jamón rebanado” y “La muela”, entre las más imponentes figuras. Admiras las enormes rocas, unas enormes encima de otras más pequeñas en armonía natural, luego miras más adelante otra formación más interesante, y así sucesivamente, como niño en dulcería. De alguna manera es similar al Parque Nacional Sierra de Órganos, en Sombrerete, Zacatecas, otra hermosura merecedora de aparecer en una obra de arte pictográfica o escultórica. A flor de tierra pudimos ver yacimientos de mármol con diversos colores. Los pobladores elaboran obras de arte sobre dichas piedras y las venden a los turistas. Desconocíamos que este privilegiado lugar se divide entre los municipios de Mapimí, Ciudad Lerdo y Gómez Palacio, Durango.

Han sido décadas para conocer científicamente el lugar por parte de investigadores principalmente mexicanos y norteamericanos, así como por la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), la Facultad de Agricultura y Zootecnia (FAZ) y el Instituto Polítécnico Nacional (IPN). Cito sólo un ejemplo. Ulises Romero Méndez es uno de los estudiosos del tema. Realizó  su tesis de maestría de la UJED-FAZ  con el tema “Módelo probabilísitco de la distribución geográfico-espacial de la cactácea Astrophytum myriostigma en la Sierra el Sarnoso en Durango, México. Transcribo la justificación de su tesis:  “La Norma Oficial Mexicana (NOM-059-ecol-2001), en la que se establecen las especificaciones para la protección de las especies de flora y fauna silvestre, incluyen 257 especies de cactáceas en alguna categoría de riesgo, 24 en peligro de extinción, 96 amenazadas, 135 raras y dos sujetas a protección especial. Esto indica que cerca de la tercera parte de la flora cactológica del país se encuentra amenazada. Entre ellas destaca la especie A. Myriostigma”. Ulises Romero en 2006 también concluyó que el nivel de deterioro de la Sierra del Sarnoso ha sido causado por diferentes factores, como la explotación irracional del mármol y el cada vez más acechante y temido cambio climático.

Sentimos alivio al saber el gran interés por este espacio. Descansamos bajo una bondadosa sombra de una gigantesca roca con pinturas rupestres. No cabíamos del asombro. Nos acompañó una flora tranquila y agraciada durante la excursión. Caminamos y caminamos en busca de la orquídea desconocida, las lagartijas, las víboras y de otras especies endémicas. Nada y nada. Estaban en franca huelga como muchos laguneros, como el resto de los mexicanos, disfrutando el inicio de Nochebuena, guardados en casa, sin agobios, con Morfeo, esperando el recalentado. ¿Imaginan el silencio del sitio en pleno 25 de diciembre?

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