Equus africanus asinus

Pasé mi primer infancia en Matamoros, Coahuila. Entonces era un pueblo tranquilo y en el mercado donde vivía, había muchos burros de carga que llevaban mercancía a las fruterías. Veía los burros mañana, tarde y noche.  La historia, la literatura así como películas o series de caricaturas están ligados a un burro. Estoy segura que entre los primeros que brincó a su mente es el burro de Shrek, maravilloso y divertidísimo personaje de la película del príncipe Shrek.

Para los lectores más afanosos, recurrieron al rucio de Sancho Panza, el inseparable burro del compañero de andanzas de El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, obra maestra de todos los tiempos de Miguel de Cervantes Saavedra. Y en las fábulas de Esopo el burro representa a los humildes. A veces se atreve a dar lecciones a los poderosos y los arrogantes como en el asno y el lobo o en el caballo y el asno. Quienes se inclinan más por historias visuales, pensaron en el burro de Winnie de Pooh, tierno y pasivo personaje de serie animada de Disney.

También está el famoso equino de un restaurante de Acapulco, cuyo atractivo es un burro cervecero. Dicho sea de paso, deben reponerlo cada cierto tiempo ya que muere pronto debido al exceso consumo de cerveza. Pero, ¿cómo llegaron a nuestro país? Hay dos versiones, la primera es que arribaron en el nuevo mundo en 1495 pues Colón trajo cuatro equinos, la otra es que llegaron en 1521, traídos por los frailes franciscanos. Lo cierto es que después los colonos europeos importaron burros de diversas variedades de España y Francia, para animales de carga. Además de su uso tradicional en la agricultura y el transporte, fueron usados a partir del siglo XIX en la minería.

La explotación del burro en México se debe a que son más fuertes y más ágiles que los caballos, su mantenimiento es menos costoso y tienen gran resistencia. Se adaptaron para vivir en los márgenes de los desiertos. Superan a los caballos en otros aspectos: su sistema digestivo es más resistente, no tiene cólicos como los caballos, lo que les permite consumir mayor diversidad de plantas y extraer agua del alimento de forma muy eficiente; necesitan menor cantidad de alimento; son más longevos pues llegan a vivir hasta los 40 años. Alcanzan la madurez sexual entre los dos y dos años y medio.

Los burros pueden rebuznar a un volumen tan alto que puede ser escuchado hasta tres kilómetros de distancia.  Sus largas orejas sirven tanto para percibir mejor los sonidos como para equilibrar su temperatura corporal. Vale la pena mencionar el santuario del borrequito ubicado en Otumba, estado de México, ciudad considerada cuna del burro en México. Cada uno de mayo desde 1965 se celebra la Feria del Burro. Los  visten de personajes de moda, organizan carreras de burros, concurso de rebuznidos y polo sobre estos enigmáticos animales, entre otras actividades.

 También en Otumba se encuentra la primera granja temática en América Latina dedicada a la preservación de esta especie: Burrolandia. Es un homenaje a dichos animales, que por miles de años sirvieron para el trabajo, pero en este sitio buscan preservar esta especie y son tratados como reyes. Los visitantes de Burrolandia pueden ver  el papel que han jugado en la sociedad. Mi esposo Salvador comenta que su maestro de primaria siempre decía que por cada Hernández en México había un burro. Eso ya es historia. Aunque parezca increíble, pero el burriquito o Equus africanus asinus está en peligro de extinción en nuestro país.

Deja tu comentario