Elemento gastrónomico

Visitar La Laguna y no probar una nieve de Chepo es como no haber ido. La tradición data de hace más de un siglo. Inicia en ciudad Lerdo, Durango. En 1896 llega de Jerez Zacatecas a La Laguna el señor Trinidad Morales en busca de oportunidades. Inició con un modesto carrito en el cual transportaba un par de garrafas. La preferida era la de vainilla, pero también vendía de limón y de fresa.

Don Trinidad encontró un benevolente nicho de mercado en Lerdo, porque la temporada de calor es mucho mayor que en Zacatecas. La venta de nieve iba en aumento. Inició de manera muy modesta, con una mesa con cuatro sillas y una sombra improvisada con tablas y sábanas. Posteriormente decidió establecerse en la plaza, en la esquina de Allende y Francisco Sarabia.

En 1917 el entonces tabarete de madera se llamaba “Nevería el buen gusto”.  Al fallecimiento del señor Morales, una década después, su hijo Juan José Morales continúa con el negocio. Por cierto, el nombre de la nevería es por su dueño Juan José Morales, a quien le decían Chepo. En la actualidad, solamente las neverías de la Plaza Principal y del Parque Victoria de Ciudad Lerdo pertenecen a la familia Morales.

Durante muchos años continuaron con el proceso manual para ofrecer un producto con los mejores ingredientes. Molían la fruta en metate y hervían con leña la leche en un cazo de cobre. Fue en 1968 cuando compraron la primera garrafa eléctrica, y desde esa fecha se aliaron de la tecnología para la elaboración de los helados, pero sin perder la tradición. Los descendientes de don Trinidad Morales afirman que siguen con la usanza del abuelo, al usar ingredientes naturales y de calidad, nada de saborizantes o elementos artificiales.

Durante varias generaciones ha sido una costumbre de los laguneros ir a Lerdo a disfrutar de estas nieves. Acudían personas de todas las edades y clases sociales. Aunque permanece el hábito, la instalación de otros puntos de venta en la comarca, ha hecho que se disfrute en las neverías cercanas a sus domicilios, sin tener que desplazarse hasta la vecina ciudad.

Recuerdo cuando era joven e iba acompañada de amigas de “la prepa” y después de la universidad. Era muy agradable, y me gustaba porque la vegetación de Lerdo es la más generosa de La Laguna. Ya en edad adulta, en una ocasión llevé a una amiga de Eslovenia a la plaza de Lerdo para invitarle una nieve de Chepo. Le gustó mucho y comentó que no le pide nada a los helados de su país. Lo que le llamó la atención es que la nieve Chepo guarda la esencia de un sabor casero, natural. Es un elemento adicional que proporciona cierto sosiego a los visitantes, pues es fácil encontrar una gran sombra de los álamos de la plaza mientras disfrutas de tu sabor favorito.

Lo cierto es que la nieve Chepo genera en la región lagunera más de una centena de empleos directos e indirectos, se disemina por la comarca de manera rápida y sigue alegrando a los laguneros y a sus visitantes con sus deliciosos sabores de vainilla, cajeta, nuez, coco, chocolate, café, limón, fresa, tamarindo, guayaba y mango.

Mientras escribo me estoy saboreando una nieve de vainilla y coco, la que generalmente pido. Lamento estar en Saltillo y no poder ir por una. Estoy convencida que la nieve de Chepo más que un negocio, es un elemento gastronómico y turístico regional.

Deja tu comentario