El pan de Chenta

En mi familia disfrutamos mucho de los sabores caseros, de los que ofrece nuestro semi desierto y de los tradicionales de las abuelitas. Entre los que forman parte en nuestra alacena figura al que llamamos “el pan de Chenta”. Se trata de uno totalmente casero, elaborado por una amiga de mi mamá Arcelia Silveti. Ella es Vicenta Chenta Adame y desde hace 30 años se dedica a hacer semitas integrales y también ofrece servicio de banquetes.

Chenta es una mujer luchona quien junto con su marido sacaron adelante a su única hija. Ha participado durante mucho tiempo en la Comunidades Eclesiales de Base en Matamoros, Coahuila. En esa misma comunidad logró formar al lado de otras matamorenses un fomento de ahorro, el cual todavía está en ejercicio y tiene casi 500 integrantes.

También en beneficio de los habitantes de Matamoros y sus alrededores, Chenta impulsó la instalación de una tienda Conasupo la cual ofreció durante 15 años bajos precios en la canasta básica. A la vez formó parte del equipo que consiguió la instalación de una Cocina popular que ofrece comida corrida a un costo muy accesible. Dicha cocina sigue funcionando en el centro de la ciudad de Matamoros desde hace 17 años.
Además del personaje Rapunzel de Walt Disney, la única mujer real que conozco con una cabellera tan larga, es Chenta. Su trenza blanca cae hasta sus corvas. Hace 25 años hizo una manda y prometió no cortarse el cabello hasta ver cumplido su propósito. Quizá la trenza rebase su propia estatura, y siga usando parte de su tiempo en el cuidado de la misma. Por lo pronto, sigue produciendo su champú.

Fabrica semana a semana siete kilos de pan, entre semitas integrales, tipo “marranitos”, además de empanadas rellenas de mermeladas de piña y de fresa. Desde hace 6 años mi mamá es el enlace para que cada viernes tengamos nuestra bolsita con dicho encargo. Cuando hay algún retraso en la entrega de las semitas, mi esposo Salvador en broma le pregunta que si cambia de proveedora. Dicho sea de paso, ahora que Chenta está convaleciente de una intervención quirúrgica y aguarda ser operada por segunda vez, tardará un par de meses en regresar a los fogones.
Para compensar a Salvador, mi mamá nos mandó un sustituto de pan, el cual no tuvo éxito. El primero en probarlo fue el primo Miguel Ángel Rodríguez y de inmediato comentó que no era el de Chenta. Comimos un poco y no nos gustó. Mi cuñada Rosalba dijo que parecía como si la leña que usaron para hornearlo no fuera la apropiada. En resumen, el sustituto no tuvo un solo voto a favor.

Doña Arcelia tiene ahora una difícil tarea: seguir en la búsqueda de otro pan, para que Salvador no se vea en la necesidad de conseguir nueva abastecedora. Ella deberá escudriñar en Matamoros quien pueda ofrecer un estilo similar al pan de Chenta, con sabor a tradición, a trigo, a leña buena, a casa y a campo.

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