El ojo

A mí nunca me va pasar. ¿Cómo me van a detectar? Ni que fuera el mismísimo ojo de Dios. Eso pensaba cuando iniciaron las foto-multas en Saltillo. Empecé a investigar sobre cómo llegan las infracciones a tu domicilio, si por ejemplo en mi caso, radico tanto en Saltillo como en Torreón, y que cómo harían para quienes solo van de paso por la capital.

En las redes sociales, mandaron la ubicación de las cámaras. Era tema de coyuntura. Yo seguía pensando que era remoto que me pasara. Después, algunos amigos me contaron que fueron víctimas de la cámara acusadora. Uno de ellos, me dijo que vio cuando se estacionó en su casa una camioneta oficial de un periódico de Saltillo, que con rapidez dejó algo en el buzón. Cuando mi amigo salió, el propio ya se había. La multa llegó vencida.

Mientras, yo seguía pensando que no me alcanzaría el ojo de Dios, me llamó la persona que me hace favor de asear mi casa de Torreón. Me dijo que me había llegado una infracción, que no sabía de qué era. De inmediato, apunté mi dedo acusador hacia mi hija, quien de inmediato lo negó. Una vez en Torreón, lo primero que hice fue revisar la mentada multa. Todo apuntaba que era yo la infractora: mis predicciones fallaron.

Esta nueva forma de multar por medio de cámaras registra día, lugar y hora exactos de la falta, tipo de infracción, monto de la sanción, límite de velocidad y la que captó la cámara. Aparecen los datos del infractor con el domicilio registrado, así como el número de placas. Al lado aparecen tres fotos de la unidad, una de lejos, otra cercana y un acercamiento a las placas. Todos los datos iban en mi contra. Debía pagar 20 salarios mínimos, mil 365 del águila. El siguiente lunes pagué a primera hora en Banorte, como ciudadana responsable.

Preferí pensar que es una medida para disminuir accidentes terribles causadas por menores conductores que manejando han terminado con la vida de familias completas. Pensé también que servirá para que muchos no pisemos tanto el acelerador, porque afectará el bolsillo. Con la multa pagada, afirmé que será la

última foto de este tipo de mi carro. Cuando mi piecito pida más, seguro recordaré que me observa el ojo de Dios.

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