El Mal fin

Soy animal de costumbres. Recurro a las mismas prácticas casi sin variaciones. Una de ellas, es tener por lo menos un par de presupuestos antes de adquirir algún mueble o aparato para mi casa. Necesitaba comprar un sofá y empecé a buscar en las grandes tiendas departamentales, donde dicho sea de paso, tengo crédito. Recorrí ambos establecimientos tanto en Saltillo como en Torreón. Descubrí que los precios son casi los mismos, lo único diferente es que en Torreón hay más variedad.

Pedí las medidas del sofá para ver las dimensiones de donde lo colocaré. Habrá espacio suficiente. A principios de noviembre el precio estaba bastante atractivo, casi cuatro mil pesos menos de lo que comúnmente cuesta. Pregunté la vigencia del importe y me comentó el dependiente que hasta diciembre, que no sabía si se mejoraría para el Buen fin. Era el monto de oferta sin promoción de meses sin intereses. Como ellos le llaman en crédito revolvente, es decir a pagar en un mes para no generar comisiones adicionales.

De cualquier forma decidí esperarme para el mentado Buen fin, ya que no era urgente comprarlo. Faltaba poco más de una semana. El primer día “del fin de semana más barato del año” llegué a embarcarme con el sillón. Ya sabía cuál y también el precio, solo quería que me sorprendiera la tienda para comprarlo. Y vaya sorpresa que me llevé. Costaba casi mil pesos más. Cuando le comenté a quien me atendió que habían modificado el importe, me dijo con mucha seguridad que estaba equivocada. Pero eso sí, ofrecían “24 meses sin intereses sobre el precio de oferta”.

Supe de varios casos similares en otras tiendas de autoservicio que venden principalmente productos alimenticios, de limpieza y electrodomésticos. Son relacionados con los precios inflados en las pantallas de plasma. Me contaron de una que costaba cuatro mil antes del 15 de noviembre, para ese día que inició el Buen fin, la ofertaban de cinco mil a cuatro mil. Es difícil resistirse sin tener el antecedente. A todos nos gusta saber que ahorramos, en este caso mil pesos.

Les pregunté a diferentes amigos y casi nadie compró en el Buen fin, salvo uno que necesitaba un centro de lavado y realmente lo consiguió a excelente precio. La mayoría coincidió en que es mercadotecnia pura, con pocas opciones reales de oferta, usados como “ganchos” para atrapar más incautos. Lo cierto es que los anunciantes nos cobraron el bombardeo publicitario de medios, ya que nos ahogaron de su propaganda varios días. Llévelo, llévelo de este año ya se te fue. El mal fin llegará hasta el 2014.

 

 

 

 

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