El legado de Goyito

Recibí la noticia de la muerte del Doctor Gregorio Martínez Valdés el pasado lunes por la mañana. Manejaba de Torreón a Saltillo. Involuntariamente recordé lo mucho que le aprendí. Daba gusto saber el gran amor hacia su terruño, Viesca, mismo que transmitió a su familia y a sus amigos. Hace un par de años me comentó que su esposa Cristina iría a ver a su hija Valeria, quien vivía “más pa´lla de Viesca”, en Singapur.

Con 45 años de trayectoria profesional, logró ser el más destacado ingeniero agrónomo mexicano dedicado a la divulgación de las ciencias agrícolas en nuestro país y  en el extranjero. A pesar de sus importantes logros, Goyito, como le llamábamos en su poblado de origen, mostraba una gran sencillez y sensibilidad en cualquier escenario. Lo conocí en su tierra en el 2008, la Fundación Colosio Torreón conmemoró el centenario del movimiento magonista de Viesca y él fue conferencista. Le gustaba la historia de México y tenía la habilidad de transmitir lo que sabía de forma amena.

Egresó como ingeniero agrónomo de la UAAAN de Saltillo por allá del 56 (como él mismo diría). En la Universidad de Wisconsin continuó sus estudios con una especialidad muy particular para su época: Maestría en Ciencias en el área de Información y Comunicación Agrícola, y el Doctorado en Comunicaciones y Sociología Rural. En uno de sus relatos titulado Homenaje tardío a mi tía Teodora  rememoraba los conocimientos de su tía sobre herbolaría y medicina alternativa para curar a los viesquenses y todo aquel que lo solicitaba. Goyito lamentaba haber subestimado el germoplasma de las plantas de su tía, mientras él estudiaba tantos años en Estados Unidos.

Desde estudiante escribía en el periódico de la Narro y participaba en una radiodifusora de la capital coahuilense. Además de sus investigaciones e innumerables artículos científicos, escribió: Haré valla en la calle de Victoria;  Juego de memoria. Escritos misceláneos; Relatos de Goyo. También realizó una recopilación de imágenes de Viesca, entre las que se encuentran fotos de los extintos manantiales, como de diferentes personajes. Sus narraciones dejan claro su gran apego a Viesca, logra rescatar esas historias y personajes con un toque de realismo mágico y gran anhelo de vida.

Con frecuencia me hacía el favor de contestar mis relatos, en particular los de personajes y semidesierto, me enriquecía con datos, historias y anécdotas los cuales disfruto y conservo. Estimulaba mis textos, por lo que me atreví a pedirle fuese presentador de mi primera obra,  Evocaciones del sabor y del alma. Placeres gastronómicos. Llegó a la cita media hora antes, en la Casa de Coahuila del Distrito Federal hace un par de años. Su visión particular, su gran conocimiento y excelente sentido del humor le dieron una conmovedora lectura  a mi libro. Fue un equilibrio con el intelectualismo de Luz Emilia Aguilar Zinzer, quien también me hizo el honor de ser presentadora en aquella ocasión, además de regalarme el prólogo. En un correo Goyito me escribió: “Lleva Evocaciones a tu tierra, en donde se deben evocar”. Y las llevé a Matamoros, Coahuila.‏

El doctor Martínez Valdés trabajó en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). Fue pionero de divulgación de las ciencias agrícolas a nivel mundial, investigador, periodista, traductor, conferencista, editor, asesor académico y consultor. El Colegio de postgraduados de la Narro le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002.

Sin embargo, Goyito siempre buscaba “hacerse chiquito”. Fue una extraordinaria persona, con una raíz profunda. Se daba el tiempo para conversar, para disfrutar con su familia y amigos pero sobre todo, para afianzarse a esas pequeñas grandes cosas cuyo valor no está en la cartera.

 

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