El Cuarto del siglo

PROLOGO

Amar es quedarse quieto ante lo amado, es contemplarse y descubrir en el reflejo del otro, una incandescente mirada. Amar es describirse a sí mismo, en el destello del otro. Por eso Arcelia (Chelys) Ayup Silveti y Salvador Hernández Vélez se exploran el alma al escribir sobre la arena del semidesierto su vida en común, sus afinidades, pero sobre todo, sus asombros: el placer
de vivir.

El cuarto…de siglo es más que un juego genial de las palabras, es la materialización de un espacio físico compartido y es también un intento de hojear el tiempo de la única forma humana que es
posible: escribiéndolo.

Para este cuarto de siglo, no se me ocurre una idea mejor que este regalo mutuo de descripciones nítidas en la que sus dos visiones se fusionan sobre el paisaje preñado de biznagas, flores
de dama de medianoche y yucas. Pero sobre todo -sus visionesse entrelazan con el paisaje humano, al recorrerlo con acciones solidarias y con la congruencia que les caracteriza.

A Chelys, mi contemporánea y condiscípula de preparatoria y de carrera profesional la conozco desde finales de la década de los ochenta. De ella siempre me ha maravillado su agudo
sentido del humor. He compartido con ella la fascinación por la extraordinaria vida de la gente simple de nuestra entrañable Laguna, de donde no me he ido del todo, pese a residir desde
hace veinticuatro años en Chihuahua.

De Salvador conozco su integridad ideológica, su mano solidaria y el pragmatismo con el que transforma sueños en posibilidades y crecimiento para el prójimo. También conozco su amor por
la naturaleza y el infinito asombro con el que navega por ese amplio mundo de ciencia.

Este libro bilateral me sacudió el corazón y me aceitó las bisagras del alma, con el atractivo relato de dos seres que se encuentran y se contemplan a veinticinco años de vida en común, retornando, una y otra vez, al oasis de sus orígenes, a su amado semidesierto.

Cada uno, a su modo, describe ese mundo que todos los que salimos físicamente de La Laguna, enterramos en el pecho. Fijan sus miradas en un mundo en el que las personas son más
importantes que las cosas, en el que se encuentra la belleza en la escasez del paisaje y en donde aportan todo lo que tienen para hacer un mundo mejor.

En fin, este texto es un reencuentro con lo mejor de nosotros mismos y con la certeza de que, aunque nos alejemos de nuestro terruño, siempre llevaremos en el corazón una extraña flor que
se abre, bronceada de luna, una vez al año.

Enrique Lomas Urista

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El Cuarto de siglo