Desigual incompetencia

Hace días platicaba con una joven originaria de Saltillo sobre las tiendas que poco a poco van desapareciendo. Le conté que en Matamoros, Coahuila hay un restaurante en el centro, el cual hace una década tenía cuatro casetas de teléfonos públicos. Solicitabas la llamada al destino necesario y el personal te indicaba a cual cabina podías establecer la conversación. Nadie escuchaba sobre la madera y los gruesos vidrios de cada caseta, aunque en verano era una gran hazaña permanecer dentro porque era similar a un baño sauna, a pesar del ventilador instalado en cada cabina.

 Ella comentó que a pesar de no ser testigo, ha visto películas en donde aparecen lecheros repartidores de lácteos. Llegaban en bicicleta o en camiones, algunos llevaban las típicas vasijas de lámina las cuales vaciaban en jarra o en ollas de las amas de casa visitadas. La joven dijo que se veían en las lecherías que ofrecían también nata, quesos frescos, asaderos y “de barra”. Lamentó no haber visitado ninguna, que le hubiese encantado.

 He observado también que las relojerías tienden a desaparecer, es cada vez más difícil encontrar quien repare un reloj. Por una parte, muchas personas han prescindido de este artefacto, el cual de alguna manera se ha sustituido por el teléfono celular. Por otro lado, predominan los relojes de moda, con precios tan accesibles que son casi desechables, de manera que se descarta la idea de visitar al relojero pensando que quizá el costo de reparación será similar al del propio reloj, y éste último se va directo a la basura.

 La saltillense reparó en las renovadoras de zapatos. Mencionó que en la capital de Coahuila solo ha visto en colonias populares y en el centro, pero que cada vez se ven menos. Recordó que sus abuelos mandaban su calzado a cambiarle media suela, a cambiarle los tacones, o bien a pintarlos. Que su mamá y sus tíos también hacían eso cuando eran niños, pero ahora nunca ha visto que su madre visite una reparadora de calzado, que si los zapatos tienen media vida, opta por buscarle nueva dueña. Sobra decir que tanto ella como su hermano nunca han pisado ningún establecimiento de este tipo.

 Le conté a esta pequeña que cuando estudiaba en la universidad, llevé la materia de Fotografía. Había varias tiendas en Torreón, Coahuila dedicadas a la venta de productos fotográficos, las cámaras usaban películas las cuales había que revelar, debías saber si querías tus fotos en color o en blanco y negro. El instituto contaba con un cuarto oscuro para hacer el proceso de revelado en cual nos llevaba varias horas. Con el desplazamiento de las cámaras digitales, fueron desapareciendo los comercios de este ramo.

 Coincidimos en que tanto las carnicerías como las fruterías perviven en los mercados de los pueblos y ciudades, o bien en las colonias populares. Sobre las fruterías en Saltillo se da un fenómeno especial. Se han instalado en zonas residenciales o cercanas a éstas, con la característica que los precios son muy superiores a los que vende los supermercados. Podemos buscar culpables, llámese globalización, crisis económica, libre mercado o modernización. Lo cierto es que estos giros comerciales han sido golpeados fuertemente por una desigual incompetencia.

Deja tu comentario