Desatar nudos

Hace poco escuché a un comentarista de televisión nacional que las estadísticas no son del todo real. Se refería en específico al índice de lectura del mexicano. Argumentaba que si una persona lee 20 libros al año y otro ninguno, se promedia, pero el que si lee le ayuda a elevar la calificación de quienes no tienen este hábito. Esto nos lleva a una conclusión más triste, si el promedio es de medio libro por año, quiere decir que ni siquiera alcanzamos esta mala calificación.

Como mexicanos nos falta tener además de la lectura, otros hábitos que nos haga ser mejores personas. Nuestro entorno nos hace estar en una zona de confort de la que nos cuesta trabajo salir. Es difícil encontrar a personas puntuales, tengo amigas que acostumbrar llegar por lo menos 40 minutos después de la hora acordada. ¿Dónde queda el respeto al tiempo de la persona que espera? ¿Por qué no definir tiempos para cada actividad? Pensar en la persona con la cual nos veremos y tener una atención si llegaremos retrasados.

Infinidad de ocasiones he sido testigo de coahuilenses que no respetan los turnos en lugares públicos y se estacionan en cocheras. Recientemente acudí a un espacio cultural de Saltillo al cual se supone acudía gente muy letrada. A una amiga la aventó literalmente una persona que nunca se dio por aludida, cuando ella le reclamó éste se hizo que la virgen le hablaba. Mi amiga estaba muy molesta por la actitud del hombre que hizo siempre cara de tanto escándalo por eso.

También he visto en la calle cómo arrojan latas y todo tipo de basura de autos tanto nuevos como viejos. Recuerdo hace algunos años en el Distrito Federal, en un semáforo, un señor tiraba por la ventanilla las cáscaras de un mango que iba comiendo. Le dije que alguien se podía caer y sin escucharme aventó el hueso de su fruta sobre mi parabrisas. Pensé que por culpa de personas como él mi hija no conocería las mariposas en remolinos. Subí mi vidrio y sentí tristeza por el señor.

Un sentimiento diferente me dejó una anécdota cerca de la plaza de armas en Torreón. Andaba en mis labores de proselitismo político en compañía de una amiga. Llevábamos radio banda, y dos celulares cada una. En el semáforo vimos volar un chicle masticado que se instaló en el parabrisas del  auto que yo manejaba. Volteamos las dos en estampida a ver el autor de la gracia y cada cual sacó un adjetivo calificativo. Justo en ese momento nos hablan a las dos y contestamos a la vez. En fracción de segundos, el autor de la hazaña estaba trepado en el cofre para retirar la goma de mascar y casi la regresa a su lugar de origen. Me causa gracia pensar que le habrá pasado por la mente. ¿Lo habrá hecho de nuevo?

Otra acción elemental que debemos atender es el cuidado del agua, abrir la llave sólo cuando la necesitemos, no barrer con agua. En Coahuila el costo por el vital líquido es muy barato. Una vez vi reclamar una persona porque su recibo salió demasiado alto. Era un señor bien vestido y parecía educado. Debía pagar 300 pesos por un mes de servicio y le parecía una exageración. Por ese precio recibió agua 30 días para que él y su familia se bañaran, lavaran la ropa, los autos y los trastes, regaran el jardín, limpiaran la casa en general, alimentara el inodoro y se almacenara en un tinaco. ¿Es mucho 10 pesos al día por todo eso? Lo mismo que  cuesta una pequeña botella de agua. Quizá si tuviéramos que pagas más, fuéramos más cuidadosos, pero como no afecta nuestro bolsillo, la desperdiciamos.

Es importante pensar un poco que estas acciones mínimas como leer más de lo acostumbrado, ser puntuales, corteses, cuidar nuestro entorno y nuestros recursos naturales nos ayudarán para ser mejores personas. Si lo implementamos como forma de vida quienes están a nuestro alrededor quizá la piensen dos veces para no caer en actitudes negativas. No dejemos que los extranjeros nos dibujen como incultos, impuntuales, con poca educación y valores. Desatemos esos pequeños nudos que nos impiden crecer.

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