Del 8 de enero

 

Hace poco comí con unos amigos del Distrito Federal en un restaurante de Saltillo. El establecimiento es famoso porque ofrece un delicioso cabrito. Uno de ellos preguntaba que dónde se prepara mejor, si en Monterrey o en Saltillo. Salvador mi esposo le respondió que Coahuila es estado productor de cabrito y que en la sultana del norte sólo los cocinan, así que cada quien escoge su respuesta.

Además de la capital, existe otro sitio digno de mencionarse en el cual resulta un verdadero deleite al paladar. Se trata del Ejido 8 de enero, muy cercano a Monclova, Coahuila. Estos paradores forman algunas cuadras por ambos lados de la carretera. Son edificaciones muy sencillas, de ladrillo o de abobe, rodeadas de árboles. Por lo general cada local tiene una persona que invita a pasar e indica donde se puede estacionar. El concepto me recuerda a Río Frío en la carretera México-Puebla, aunque allá se especializan en quesadillas azules de hongos, de flor de calabaza y hasta de queso.

Me atrevo a recomendarte que cuando pases por estas fondas no dudes en pararte a comer. La sazón de todas es de lo mejor, no le pide nada a los restaurantes más prestigiados. Conocerás el sabor del pueblo a través de una de sus mejores tradiciones servida en un plato. Tu paladar y tu bolsillo te lo van a agradecer. El mobiliario es de lo más sencillo y las mesas tienen manteles de plástico multicolores. Muchos de los establecimientos no tienen techo en toda la construcción, lo que favorece la circulación de aire, en especial en tiempo de calor, cuyas temperaturas rebasan los 45 grados centígrados.

Entre el sitio donde te estacionas y el restaurante hay una acequia la cual he visto llena de agua limpia. Por eso los árboles que cercan estos paraderos son de un verde tan vivo y limpio que hacen la visita más agradable, en especial si lo haces en tiempo de calor. Tienen muchos visitantes de Monclova debido a su cercanía, quienes transitan de paso y los habitantes del lugar.

Te llevarán un gran plato de fritada caldosa, acompañado de tortillas recién hechas, de harina blanca y de maíz. Imagina: la carne casi se deshace con la cuchara. Puedes taquear o cucharear. Se estila también hacerle al más estilo de pueblo, es decir, cortar triángulos con la tortilla y llenarlos de la carne, como en tacos diminutos, que te dejan ir probando los dos estilos de tortillas. Hay comensales que acostumbran acompañarlos con frijoles refritos y como dice un amigo: “a dos aguas”, ambos platos frente a ti, para ir combinando los dos sabores. Es imperdonable no probar el tradicional pan de elote, llamado también pan de acero. Sobre esta delicia haré referencia la próxima semana, que bien vale la pena darla a conocer estas delicias del 8 de enero.

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