Del 8 de enero II Parte

A propósito de antojitos, qué tal si me siguen el relato para describir una de las delicias que ha hecho famoso al ejido 8 de enero. Continúo el texto anterior en el cual mencionaba la fritada de cabrito preparada en dicho ejido.      Esta ocasión será alusiva al pan de elote, un delicioso postre elaborado de manera artesanal en las cercanías a Monclova, Coahuila.

 En todos los puestos de comida del ejido puedes disfrutar del también llamado pan de acero. Las cocineras, que por lo general son propietarias de los establecimientos, usan el típico mandil colorido, con adornos de bies en las orillas y con botones en la parte posterior. Son muy amables con los comensales y su mirada refleja la paz pocas veces vista en las ciudades. Tienen una vida frugal, pero imagino que feliz, sin las preocupaciones de las nuevas esclavitudes como las tarjetas de crédito, pagos de celulares y otros servicios que según dicen los anuncios, es para hacer la vida más placentera, aunque tengas que trabajar al máximo para cubrir esos pagos.

 Con esa tranquilad de los pueblos se elabora el pan de acero, con una carga de cultura y tradición que a pesar de ser conocido en otras partes del país, se ha convertido en una tradición. Cuando recibes el pan de elote humeante en tu mesa ya sabes lo mucho que lo disfrutarás. Como opción para complementarlo te llevan leche condensada para bañarlo e inventar la forma deseada.

 El ingrediente principal por supuesto es el elote, producido en el propio ejido y municipios cercanos. Por cierto, también lo venden asado sobre leña, del campo al asador y al plato. Si quieres hacer el pan de elote en tu casa es una receta muy sencilla, no dudo que te quede bien, pero el sabor que le da el molde de acero es singular. Necesitas cinco elotes naturales desgranados, cinco huevos, una barrita de margarina sin sal, una lata de leche condensada (puede ser light, por aquello de los remordimientos calóricos), una cucharada de polvo para hornear o bicarbonato comestible y una taza de leche.

 En lo personal me gusta agregarle nueces, almendras, coco rallado y cualquier otro fruto seco, además de un toque de vainilla. Sí, ya sé que no respeto la receta original, pero la cocina es creación pura, y me ha quedado delicioso con esta variante. Pienso que cuando te dan una receta, a partir de ese momento te pertenece de manera literal, te conviertes en dueña (o) y eso te permite seguirla, modificarla o botarla.

 Con los ingredientes elegidos los llevas a la licuadora hasta que estén bien incorporados y logres una mezcla homogénea. Engrasa un molde y vierte lo anterior. Mételos al horno calentado previamente 10 minutos. A 180 grados centígrados en 30 minutos estará listo, pero asegúrate al introducir un palillo y que éste salga totalmente limpio.

Déjalo reposar en el horno apagado unos 10 minutos, para que tus comensales lo valoren y lo ansíen más. Ahora sí, llévalo a la mesa. También en el 8 de enero preparan unos tamales de acelga con muy buena reputación. Confieso se me han pasado probarlos, pero prometo que cuando realice este trámite compartiré la experiencia con ustedes. Buen apetito.

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