De silencios y estrellas

muchas noches olvidé mirar las estrellas
y el sábado un espíritu piadoso me las manda todas de un jalón
giro y giro para grabármelas en un ángulo de 360 grados
no me caben en los ojos, en las manos, ni el alma
 
 
el cielo negro hasta decir basta
contrasta con las estrellas fulgurantes, ávidas de observadores
me reclaman mi larga indiferencia, mis silencios sin ellas
  mi correr y correr habitual
 
 
el contoneo de unas grandes palmas
sigilosas e insinuantes se acerca al Cinturón de Orión
lo verde de los árboles y plantas desérticas se convierte en sombras
 
 
cierro los ojos para grabar el canto libre de los grillos
casi borrado de mi memoria
¿se habrán enterado de presencia?
Siguen su serenata impúdica
se confabulan con la noche oscura
con la hierba silvestre
con su misma especie  exigiéndole a la nuestra
 un poco de respeto,  de piedad
no puedo imaginar cuántos son
sólo disfruto su regalo en ese instante
¿tienen horario para silencios?
¿permanecen en vela?
¿tienen párpados para cerrar?
¿cuánto deberán pesar  para no dejar huella en la arena suelta?
 
 
escucho chocar las hojas de las palmas allá arriba
arribita, entre los dátiles en gestación
con su tiempo perfecto y sus olores explotándole a la noche
 
 
pienso cuánto debemos aprenderle a la naturaleza
mientras descubro la flor de la biznaga dormida
cubriendo su bello color y protegiéndose de visitantes no deseados
el mezquite también duerme cuando empieza a oscurecer
poco a poco cierra el conjunto de cada hoja para descansar
invito a mi hija Jimena y a su amiga Daniela López Mata
a compartir el escenario gratuito, inmemorial
 
 
Daniela me abraza para contemplar tal belleza
correspondo el gesto afectivo y veo su asombro natural
luego llega el resto de la expedición
amigos y compañeros de trabajo
también impactados ante la belleza incluida en el mismo paquete turístico
 
 
es difícil creer
pero no han molestado “moyotes” ni moscas
el repelente y “matabichos” se han quedado en mi maleta.
 
 
el calor se ataja con los viejos ventiladores de techo del gran zaguán
son cuatro. uno fue víctima de una severa caries
y quedó con la mitad de su fortaleza
dos de ellos se mimetizaron en tulipanes inversos
el último se mantiene firme y atento a servir
 
 
al fondo están mis custodios favoritos
un par de desgranadoras
objetos no identificados por jóvenes o niños
con las cuales se “desgranaba” el maíz
atrás de ellas,  una chifladísima bugambilia
un gran ocotillo, lilas y enormes álamos
 
 
a la mañana siguiente nuestro amigo Tomas Santoyo
nos halaga con sus exquisitos chilaquiles verdes
receta súper mejorada al estilo lasaña
unos frijoles recién hechos y un de-li-cio-so café de olla
 
 
el olor del café es un viaje a cualquier gozo
no podía dejar de inhalar su aroma
de comprobar  una y otra vez  su sabor
¿es posible tanto deleite?
Los aplausos son pocos para Tomas y su arte efímero de cocinar
 
 
los más chavos nos cuentan su aventura
en la quinceañera amenizada por la “Sonora Dinamita”
les sorprende dejen entrar a todos  sin invitación
ofrecen comida y bebida  sin distingo
bailan en grupo y disfrutan como verdaderos amigos de la joven
es costumbre que
“echen la casa por la ventana” al festejar
a las quinceañeras
o novios de ascendencia del lugar
aunque no vivan ahí  vienen a compartir con su familia y amigos
muchos de ellos viven en el interior de nuestro país o en Estados Unidos
pero creo es una forma de reconocer su origen
y retribuirle   de alguna manera una parte de lo que éste les ha dado
 
 
recordamos la tarde anterior
a Roberto López Franco con sus fabulosas y divertidísimas historias 
que contadas por él son aún más simpáticas
 
 
en estampida se va la expedición a seguir conociendo
me quedo sola y mi alma con mi vista favorita al zaguán
entran sigilosas dos palomas pepenadoras
no me atrevo a moverme  ni a respirar fuerte para no espantarlas
para que me acompañen
  se van y regresan
  pero ya no les importa el ruido de las teclas de mi computadora
 
 
 
 
Siento el viento
escucho el canto y aleteo de los pájaros
veo mariposas
los ventiladores jale y jale
el aparato de la refrigeración gotea sobre mi cabeza
sigo escribe y escribe
no quiero recorrer 71 kilómetros para regresar a Torreón
me gusta estar aquí, donde estoy
disfruto Viesca Coahuila, con sus estrellas y sus silencios.
 
 

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