Disfruto enormemente escribir, al contrario de cuando tengo la necesidad de hablar en público. Mantengo un idilio con la computadora. Existimos sólo ella y yo, en el mismo espacio-tiempo, en el aquí y en el ahora. Tomo retazos de memorias, los espulgo, cierro los ojos para revivirlos. Los instalo en la pantalla de mi compu, tal y como me los dicta la memoria. A veces, recuerdo con exactitud el sitio de la escena en cuestión, los protagonistas con todo y palabras y gestos, incluso hasta los aromas anidados más allá de los recuerdos. Eso es lo único que hago.

Me han preguntado que de dónde invento tanto, que los personajes de los cuales hablo sólo existen en mi cabeza, que exagero con el tema del calentamiento global, que si realmente son tan bellos los lugares descritos y que el semidesierto es parco, triste y opaco. Les comento que no invento nada, sólo escribo lo que mis ojos ven o lo que acarrean mis recuerdos.

Con mis relatos y mis obras busco remover conciencias para conocer nuestro extraordinario estado de Coahuila. Quiero dignificar a los personajes populares que dan vida y alegría a nuestros pueblos, y al entretejer su historia, se convierten en parte fundamental de su alma.

Con orgullo, o como dice una amiga, como si me pagaran, escribo sobre lugares bellísimos coahuilenses. Me indigno al saber que muchas personas de nivel cultural medio y alto dicen no conocer Arteaga, Viesca, Parras, y es momento de decirlo ahora como matamorense que soy, ¡¡no conocen Matamoros!! Los tres primeros son nuestros pueblos mágicos. Otra amiga me hizo una pregunta sobre Cueva del Tabaco, ubicada en el municipio de Matamoros, Coahuila, donde Benito Juárez depositó los archivos de la nación, durante la lucha por salvaguardar la República ante la intervención francesa comandada por Napoleón III, al querer imponer como emperador a Maximiliano de Habsburgo. Esta amiga recién terminaba su doctorado y me preguntó si en la Cueva del Tabaco hay mucho tabaco. Nomás le pude prometer no revelar su identidad, porque la anécdota ya es mía, y ahora de ustedes.

Invito también a tomar la lectura como amante, a revalorar nuestro semidesierto, nuestra región, su flora, sus paisajes, a conocer su esplendor y lo mucho que nos da a cambio de nada. A retomar la cocina tradicional, con todo lo que esto encierra: la convivencia familiar y entre amigos, el arte efímero de preparar los alimentos para nuestros seres queridos y con ello estrechar lazos afectivos, viajar con los aromas a la cocina de nuestras abuelas o de nuestras mamás, y sentir su compañía en la mesa a través de algún platillo especial.

Con esta obra dejo constancia de lo importante que se está perdiendo y que debemos recuperar. Debemos rescatar nuestra historia, tener claro de dónde venimos y masificar esa riqueza. Los invito a no dejar en el olvido a nuestros personajes, rescatar nuestras tradiciones culinarias, a dignificar nuestros lugares y a ser coahuilenses orgullosos de nuestro estado.

Texto leído en la presentación de mi libro De latidos y biznagas, el jueves 11 de julio en el Centro Cultural Vito Alessio Robles de Saltillo, Coahuila.

 

Una respuesta

  1. Que bien reflejas tu orgullo y pasión por nuestra tierra; sea pues Arce, rescatemos la memoria para sentirnos dueños no invitados de este festín de vida.
    Un abrazo
    JJNR

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