De latidos y biznagas

De latidos y biznagasParte del Prólogo

De latidos y biznagas es un libro profundamente nostálgico. Su autora nos entrega en esta colección de textos, momentos de su vida que fueron tocados por algo especial: un sabor, un aroma, un libro, una persona, la tradición de un pueblo, el paisaje del desierto, los sonidos del campo, el canto de los grillos, el vuelo de las mariposas. Vemos desfilar en estas páginas personajes tan disímbolos como Lalo el memorioso, vendedor ambulante de Torreón que no sabe leer ni escribir, pero almacena en su memoria la genealogía, vida y milagros de los torreonenses y pueblos circunvecinos; Patricio de la O Martínez, gran conversador que sabía de albures y sarcasmos, que cocinaba para sus hermanos campesinos como si oficiara un artístico ritual, y literalmente se murió de amor; Adolfo Orive Bellinger, que a sus doce años escribió un ensayo sobre el imperialismo yanqui y a los diecinueve dejó las comodidades de la casa paterna para luchar por un ideal; o la güera Ligia, que se alquilaba como plañidera, y organizaba sus tarifas de acuerdo a la intensidad del llanto y al dramatismo de las manifestaciones de dolor que imprimía a su actuación.

Hay textos que hacen la apología de los frutos del desierto: los exquisitos cabuches, la delicada blancura de la flor de palma, los jugos del maguey, que según el procedimiento a que se sometan se convierten en inocente aguamiel, robusta miel de maguey o generoso pulque; en otros se trasluce la congoja de Arcelia por la suerte que han corrido los añosos árboles nativos que adornaban las calles de Torreón, su protesta ante la irreflexiva plantación de especies foráneas, los “vestidos ajenos”, que ofrecen su efímera belleza y perecen a los primeros rigores del frío o de la De latidos y biznagas

Odila Fuentes Aguirre

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