De heladas y laguneros ilusionados

La profesora Flor Rentería Medina tuvo la osadía de invitarme a dar una charla en el organismo de mujeres que ella representa en Torreón. La muy ingrata, obligó a regresar a mis neuronas que estaban a punto de irse de vacaciones un par de días. En mi viaje “al otro lado”, Flor no me dejaba concentrarme en mis compritas, en mi recreo, ni en el calentamiento de brazo al deslizar la tarjeta al momento de pagar. Me preguntaba detalles de propia charla y de la logística en general. Le mandé el siguiente recado: “Lo sentimos. El mensaje que usted mandó no fue recibido, debido que el destinario se encuentra de vacaciones”. Lo ignoró y siguió en su papel de organizadora estrella.

Así que entre compra y compra, me vi obligada a sistematizar la charla. Ésta, era parte de la semana ecológica para concientizar a los laguneros a un año de la helada en Torreón. Le dije a mi amiga que el tema me atrae mucho, que tengo gran sentido de pertenencia al desierto, pero no soy estudiosa de éste. Así que nos la jugamos. Voy a compartir las ideas que di a conocer el pasado lunes cinco en las instalaciones del PRI Torreón.

Inicié diciendo que la belleza de nuestra flora y fauna, la artesanía, la gastronomía es diferente a la del centro y sur del país. No tiene nada que ver con la exuberancia de Chiapas, de esos caminos poblados de vegetación, de mariposas, aves y otras espacies nunca vistas en nuestro estado. Tampoco es parecido a la riqueza de Oaxaca, con su historia, gastronomía, playas, zonas arqueológicas y artesanía. La carencia de lo anterior, es lo que a nosotros como laguneros nos ha ayudado a formar un carácter fuerte y decidido, a ser francos, a mirar de frente y a trabajar más debido a que vivimos en pleno semidesierto.

Les recordé que Torreón es una ciudad joven, tiene 104 años. A diferencia de Durango, Saltillo, Zacatecas y Chihuahua que tienen más de 400 años. Que a pesar de ello, estamos a la par de estos vecinos en el área de servicios, comercios, infraestructura y que además los superamos en oferta educativa. Sin embargo, como laguneros nos falta tener mayor sentido de identidad. Somos un estado fuerte y con todos los climas. Aportamos dos sitios certificados por El Convenio de Ramsar que reconoce los humedales más importantes del mundo. Tenemos las Dunas de Viesca y las de yeso en Cuatrociénegas. Contamos con las hermosas pozas y el marecito de Cuatrociénegas estudiados por científicos mexicanos y extranjeros. En Coahuila se encuentran las sierras de Arteaga y la de Jimulco, además de Parras de la Fuente catalogado como pueblo mágico. Más que suficientes razones para sentirnos orgullosos de nuestro estado.

Les hice saber que siento como si La Laguna fuera el mundo al revés de Alicia en el país de las maravillas. ¿Por qué? Porque en Torreón hace 60 años los mantos acuíferos estaban casi a flor de tierra y en la actualidad se extrae a más de mil pies de profundidad. Porque tenemos la industria lechera más importante del país y que según don Luis Maeda Villalobos (especialista en el tema del agua) se consumen mil 200 litros de agua para elaborar un solo litro de leche. Porque La Laguna tiene cuatro campos de golf: El Club Campestre de Torreón y el de Gómez Palacio Durango, Los Azulejos y Montebello. Porque las casas de colonias residenciales tienen hermosos jardines con plantas y árboles consumidores de gran cantidad de agua que no tenemos.

La falta de conciencia en el tema, provoca que nuevas generaciones se inclinen por tener en sus casas esa vegetación ajena. El costo es que la mitad de la flora de Torreón se quemó con la helada. Que aún hay laguneros ilusionados en que creen que retoñarán sus pingüicas o ficus porque tienen algunos brotes. A pesar de esto, siguen plantando árboles que no son de nuestro clima, pensando que la librarán, pero pagarán la misma factura. Es importante saber cuáles son las opciones para poder poner árboles o plantas en nuestros jardines y banquetas. Me gustaría poderlas describir en el siguiente texto. Les contaré como mi amiga Emilú Cazares (la chica Chic) me apoyó retratando árboles en Torreón, siguiendo mis instrucciones desde “el otro lado”.

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