De cómo cocinaban las abuelas

Terminé de leer la página 207, le di vuelta y no quería que terminara. No quería ver las guardas negras. Quería encontrarme con más historias de aprendizaje, de nostalgias, de valentías, de amores. Historias quizá lejanas, pero con el fin común de tener la cocina como el lugar sagrado de la casa, de la familia y de los amigos. Me emocioné mucho de leer a Laura, debo confesar que demasiado, porque la intensidad de la vida de algunas de las mujeres dibujadas hicieron que me brotara agua de los ojos. A través de esta obra conocí su pasión por el rescate de muchas vidas contadas de generación en generación, sin llegar a ser plasmadas en papel. Ella dijo que no podían perderse en el olvido. Que era necesario tejer historias. Y las tejió.

Así, inició la tejedora de historias, como la misma Laura describe en la contraportada: “… un proyecto para rescatar recuerdos que nos permita leernos en palabra escrita, que sirva para leerle a nuestros hijos quiénes somos, de dónde vienen nuestras familias y cuáles son las luchas que nos han forjado. De cómo cocinaban las abuelas es el resultado de la primera convocatoria, que generó 29 vidas de abuelas, sus cocinas, amores, sus costumbres, reencuentros, reconciliaciones, escritas por sus nietos y nietas. Historias sobre familias de Argentina, Chile, Estados Unidos y México”. (Fin de la cita)

Este maravilloso libro me mostró setenta y dos miradas adultas de diferentes seres humanos forjados de sangre, huesos y sueños que lograron trascender a través de sus nietos, logrando establecer una conexión especial a través de la cocina. Con una sencilla sopa tenían la firme convicción que el cielo estaba con ellos, como escribe Haydee Ramos Cadena en la página 107: “Para mí era como despertar en un campo de magnolias”.  (Fin de la cita).

Este libro nos despierta la magia de recordar a las abuelas en la cocina. Estoy seguro que cada uno de los aquí reunidos se acuerda por lo menos de un platillo de su abuela. En lo personal, tengo presente a la madre de mi papá, era flaquita, usaba trenzas y delantal mañana, tarde y noche. Siempre en la cocina, frente a un enorme sartén con los frijoles con queso que sólo ella sabía. Me fascinaba ver cómo se derretía el queso hasta formar unos extraordinarios hilos. Para confirmar, le decía: “A ver abuelita, levántele la cuchara”. Le reñía a mi mamá que a su suegra le quedaban más ricos que a ella. Todo se regresa. Ahora, a mi hija sólo le gustan los frijoles que prepara mi mamá. Si los guisamos mi hermana o yo, conoce perfecto la sazón de cada quién.

Es el hechizo al que Laura se refiere. Si cierras los ojos puedes recordar la sazón de tu comida favorita, revives los aromas, los colores y puedes percibir en la boca ese inigualable sabor. De cómo cocinaban las abuelas es un testimonio de esa relación olores-sabores-memoria. Está comprobado que un olor o un sabor nos dispara recuerdos en la memoria que a veces creíamos olvidados, pero son componentes importantes para  nuestra estructura emocional. En la página 126 Laura Aguirre Lass de Lamont escribe: “Cocinar es algo que sabe, suena, huele, se siente y se escucha, y cuando se hace sin prisa y con una abuela, es como estar en un patio de juegos o en la playa, todos tus sentidos funcionan a la vez. Escuchar el sonido de la cebolla cuando cae en el aceite caliente, el chocar de los pocillos, el agua en el fregadero y la plática de quienes comparten el calor cuenta mucho: corona el encantamiento.”

La portada del libro es un imán para abrirlo, para devorarlo y devorar también sus recetas. En sus primeras páginas te regala un mosaico de las fotografías que aparecerán acompañando a cada historia. Fotos en blanco y negro, a las que respetaron las grietas del paso de los años, dándole mayor intensidad. Acompaña a cada apartado cuidadosos dibujos de Ricardo Figueroa, agregando una armonía circular a la obra.

Saber que este proyecto es una parte diminuta de la gran trayectoria de Laura Athié me hace pensar en su gran sensibilidad, compromiso y trabajo dedicado al impulso a la lectura en nuestro país, así como su aportación en reformas educativas y políticas de difusión editorial. Es encomiable saber que Laura ha sido conductora, articulista, reportera, fotógrafa, productora, periodista, editora, así como guionista para televisión y radio cultural. Además de ser orgullosa madre de Abril.

Con el libro De cómo cocinaban las abuelas estaremos dispuestos a gozar de todos nuestros sentidos y tendremos un sugestivo resultado: un platillo delicioso, y un recuerdo memorable. Gracias Laura por este regalo que nos  sumerge en un torbellino de  texturas y  regocijos que van directo al paladar y al corazón.

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