Creencias mágicas (Parte II)

En el artículo anterior me referí a la tribu kikapú, la más importante de Coahuila. Hoy trataré algunos elementos dignos de reconocer. Ellos habitan dos tipos de casas. La de verano o india Utinekane, y  la de invierno “apakuenikane”.  La primera la ocupan en marzo, después de la ceremonia de Año Nuevo. Es rectangular y está levantada sobre un armazón de troncos verticales. Las paredes son de carrizo y el techo de tule, de petates sobrepuestos afianzados con varas flexibles.

La casa de invierno es construida con tabique y techo de concreto; tiene servicios de agua y electricidad. Posee un armazón de tule que impide el paso del frío. La parte central del techo tiene una abertura para que salga el humo del “fuego sagrado”, colocado al interior de la habitación. Tiene un anexo para que permanezcan en él las mujeres durante su menstruación o en víspera de parir. Los kikapúes piensan que ellas deben mantenerse lejos de su casa habitual bajo ambas circunstancias.

Todos deben cepillarse el cabello, cortarse las uñas y rasurarse afuera de la casa. Piensan que si una mujer brinca sobre el fuego durante su menstruación, puede sangrar hasta morir. Nadie puede comer en el lado oeste de la casa, ya que ese lugar está destinado para los espíritus.

No tienen apellidos, solo nombres asociados a su clan y a su tótem, como Chakoka Aniko, el antiguo jefe de la tribu fallecido en septiembre de 2014. Los cerca de 400 kikapúes creen que cuando alguien muere, su cuerpo vive otra etapa, se integra en la tierra y renace. Lo entierran atrás de su casa, y siembran encima un árbol, que se trasforma en un ser con espíritu, y con nueva vida entre sus personas queridas. Un kikapú nunca muere, pervive en la naturaleza. (Curiosamente, el artista austriaco Friedensreich Hundertwasser fue enterrado de esta manera a solicitud de él, en Nueva Zelanda; se convirtió en árbol de tulipán desde el 2000.) A pesar de su prosperidad económica, los kikapúes conservan su idiosincrasia y tradiciones. Qué maravilla que en Coahuila vivan esas mágicas creencias.

 

biznagaas@hotmail.com

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