Con Bailón y sin bailón

Cuenta la leyenda que don Juan de Palafox, virrey  y arzobispo de la Nueva España fue invitado a comer por la comunidad religiosa franciscana de Puebla. El cocinero principal estaba nervioso por carecer de recaudo y no tener claro qué preparar. Sus ayudantes eran poco experimentados, por lo que la cocina lucía en desorden e impedía trabajar con eficacia.

Se llegaba la hora de recibir al comensal tan especial y Fray Pascual estaba desesperado. Sobre las mesas de trabajo había almendras, chocolate, clavo, canela, chiles y especias. Las juntó para guardarlas en la alacena, pero en su prisa tropezó con su habito y todo aquello fue a parar a una gran olla en la que se estaba cocinando unos trozos de guajolote. El fraile se hincó ante el fogón para pedir en cuerpo y alma que el error tuviera buen fin.  Así nació uno de los platillos más deliciosos que ha dado identidad a nuestro país: el famoso mole poblano.

De esta manera San Pascual Bailón se consolida como el santo patrono de la cocina novohispana. Ese Pascualito que escuchaba desde niña cuando mi madre se encomendaba a él para que sus platillos resultaran exquisitos. En ese entonces creía el santo sólo existía en la mente de mi mamá, que lo había inventado para hacernos creer que gracias a su cobijo ensalzaba la sazón y aromas de su cocina y así nos regalaba los más sublimes sabores.

San Pascual escribió dos devocionarios para su edificación personal, editados en el año 2000 con el título de Opúsculos de san Pascual Bailón. Uno de ellos fue regalado al rey Felipe II y el otro se encuentra en la Basílica de San Pascual de Villarreal. Nació en 1540 en la bella Torrehermosa, Zaragoza en España el día de la Pascua de Pentecostés por eso su nombre. En su niñez era pastor de ovejas y aprendió a leer y a escribir de manera autodidacta. Es venerado como santo por la iglesia católica como san Pascual Bailón. Es patrono de las obras, asociaciones, congresos eucarísticos y de los cocineros.

Es famoso por sus milagros como la multiplicación del pan para los pobres, curación de enfermos y por preparar suculentos platillos. “San Pascualito Bailón yo te ofrezco este guisito y tú pones la sazón” es la plegaria que mi madre ofrecía para pedirle amparo en el arte culinario y que sus comensales quedaran satisfechos con lo que preparaba para ellos.

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