Como México no hay dos

Bodas, tornabodas, despedidas de solteras y solteros, fiestas para bebés que están a punto de nacer (me choca referirme a éstas como baby shower), bautizos, piñatas, primeras comuniones quinceañeras, reuniones, “jugaditas”, graduaciones, aniversarios, inauguraciones, cumpleaños, carne asada, son los festejos más recurrentes de nuestro México. Coahuila no se queda atrás en el tema, en Torreón al igual que en otras ciudades, son comunes el pre y el after. Así le llaman los jóvenes de prepa y universitarios al prefestejo, en el cual se reúnen antes de ir a la fiesta y, el after consiste en reunirse en otro sitio después de la fiesta para seguir la alegría que puede terminar hasta la mañana siguiente. La informalidad impera en ambas, ya que sólo se ofrece botanas y bebidas.

Los estudiantes de secundaria se reúnen para agasajar los cumpleaños, por lo general en la casa del festejado, o bien en un salón de fiestas. Otra manera de conocer más amigos, es que rentan una quinta e invitan a los alumnos de varios colegios. Las fiestas son para todas las edades, y la mayoría de las veces se arma en un dos por tres, basta con invitar a través de las redes sociales para armarla.

Mención aparte merecen las rigurosas celebraciones. Citaré sólo algunas de las más importantes que marca el calendario mexicano. Inicia el día uno, al recibir al nuevo año, y el seis de enero, el día de reyes. En febrero homenajeamos el dos a la candelaria y en esa fecha deben pagar con tamales quienes hayan sido bendecidos con el “monito” del día de reyes. Marzo y abril semana santa, mayo nos remite al 10, para celebrar a las madres, junio, el día del padre. Julio y agosto vacaciones escolares. Meses después, en septiembre nuestra independencia; en octubre, el 12 el día de la raza, el dos de noviembre nuestros fieles difuntos. Diciembre  navidad, los santos inocentes, y el fin de año. De las fiestas patronales destacan la de san Judas Tadeo y de la Virgen de Guadalupe, pero en todos los meses del año se festeja a otras deidades religiosas con reliquias, danzas o procesiones que reflejan expresiones de nuestra cultura mestiza.

Dudo que haya otro país tan colorido de fiestas y corazones. Una persona muy cercana, de la cual no revelaré su nombre, festeja su cumpleaños desde un mes de antelación. Programa por lo menos una fiesta diaria, ya sea con su familia, compañeros de trabajo o sus numerosas amistades. Este año celebró 30 recepciones en diferentes escenarios y con amigos encaprichados en agasajarlo. Hace días una amiga (que tampoco diré quién es) me habló contentísima, que daba gusto escucharla. Ella iba saliendo de una cita ginecológica. Se enteró por parte de su médico que estaba entrando a la menopausia. Esta noticia la puso tan alegre de saberse en esta nueva etapa de su vida, que dijo que preparará una fiesta para darle la bienvenida a la menopausia.

En una ocasión me invitaron a un segundo bautizo, es decir, el anfitrión había tenido un fatal accidente automovilístico en el cual casi perdió la vida. Celebraba entonces que seguía vivito y coleando, tenía mucho ánimo y motivos para compartir su alegría. También he ido a vitorear la llegada del primer cheque; de amigos que recibieron su primer pago laboral, o que consiguieron trabajo.

He sabido también de quien cada año celebra el haber dejado de beber o de fumar, se supone, que deben prescindir del vicio ausente, por lo menos el anfitrión principal. Se estila también festejar los años de servicio, cuando compras una casa o un auto, cuando recuperas la salud, y, la más padre: “por el puro gusto”. Sin duda, como México no hay dos y en las fiestas nadie nos supera.

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