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Chayito

Volví a ver la película Los adioses, dirigida por Natalia Beristain. Retrata parte de la vida de  una mujer de contrastes. Rosario Castellanos, vulnerable, talentosa y fuerte, le dio protección a los indígenas de su tierra chiapaneca, defendió a las mujeres, y destacó por su gran calidad literaria. Persona introvertida, con el autoestima baja y con crisis depresivas. En su poema Entrevista de prensa, narra: “Escribo porque yo, un día, adolescente, me incliné ante un espejo y no había nadie. ¿se da cuenta?. El vacío. Y junto a mi los otros chorreaban importancia”.  

Se refugia en las letras, para evadirse de sí misma, para olvidar su belleza lejana, para no mirar su figura poco agraciada. Vivía entre el amor y el desamor. Enloqueció por Ricardo Guerra, quien se casó con otra mujer.Luego él se divorcia para casarse con Rosario y conciben a su unigenito: Gabriel. Ricardo le es infiel y ella se culpa por su fealdad acude al valium 10, va al psiquiátrico e intenta suicidarse. Chayito, como le llamaba su paisano poeta Jaime Sabines a Rosario Castellanos, vuelca su amor hacia Gabriel, su único hijo a quien le escribe algunos poemas.

En 1966 se va como profesora visitante a Madison Wisconsin donde se revalora y en un acto de autoestima, se divorcia. Era brillante, de una gran sensibilidad al encuentro con la palabra, con la ironía, con el conocimiento de sí misma. Buscó llenar el vacío, esa nada que le aterró al mirarse en el espejo. Como embajadora de México en Israel, en Tel Aviv, un sietede agosto de 1974 una descarga eléctrica acabó con su vida. Se puso en tela de juicio si esta versión fue real, o si ella misma logró terminar con sus quebrantos para siempre.  Jaime Sabines escribió en su poema Recado a Rosario Castellanos: “Sólo una tonta podía dedicar su vida a la soledad y al amor. Sólo una tonta podía morirse al tocar una lámpara,…” ¿Cómo no admirar y leer a una mujer como Chayito? La película Los adiosesrecibió varios premios el año pasado. La obra de Chayito no muere.

Tengo un gran ejemplo de trabajo y lucha constante, de lealtad y disciplina. Una mujer que ha vivido para los demás, apegada a sus convicciones y credos. Es difícil convencerla de algo que no encaja en sus creencias. Doña Arcelia Silveti Mejía, mi madre, tiene ochenta y tres años viviendo así. En general ha sido una persona con buena salud. 

Después de una larga campaña, mi hermana Lulú y yo la convencimos y la llevamos esta semana con su geriatra. La especialista le dijo que sus rodillas están desgastadas y que debe usar un andador con asiento. Yo estaba segura de que debía quedarle claro dicha necesidad imperante. Le hice una modesta pregunta a la doctora para que fuera reiterativa con la puntual solicitud. 

La experiencia de la geriatra le dio una respuesta asertiva a doña Arcelia y la convenció de que el bastón ya no era suficiente. Después de la consulta, fuimos a comprar el nuevo apoyo para mi mamá, un modelo reciente con asiento, y una canastilla al frente para transportar sus cosas. Le dije en broma que podía llevar ahí su tequila, refrescos y demás. Le llamamos la nave deslizante. 

Caminar con ese apoyo no le fue fácil, porque le representaba romper con el enraizado paradigma de ser todopoderosa. Pero apareció un segundo escenario más difícil. Fuimos a visitar una amiga de mi mamá que vive en una colonia residencial de Torreón. Con sorpresa observé algo en que no había reparado anteriormente: las calles no están diseñadas para ser usadas por personas que necesiten muletas, andador o sillas de ruedas.

Las banquetas y jardines en general están pensadas para los propietarios, no para los transeúntes. En una misma cuadra noté ausencia de banqueta como tal, y en su lugar, césped. Dos más combinaron banqueta y mezcla, adoquín o vitropiso. Seguro es divertido para niños que pasen por ahí. Pero no para deportistas, adultos mayores y absolutamente impensable para personas con capacidades especiales. Desafortunadamente, no pensamos en el tema, hasta que nosotros mismos o alguien cercano vive alguna incapacidad. ¿Cómo es tu banqueta?

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