Bendito desierto

Soy admiradora empedernida de nuestro semidesierto y de las bondades que nos ofrece de manera gratuita. Uno de los muchos elementos imanes es la palma yuca o izote, en especial en estos días cercanos a la cuaresma. Es un regocijo admirarla con sus hermosas coronas blancas, esos ramilletes enormes de flores blancas tan suaves y delicadas como la propia orquídea. ¿Quién puede resistirse a embelesarse ante tal belleza?

La maravilla inicia al admirarla, como reza el refrán: “de la vista nace el amor”. Sin embargo lo mejor viene después, al usar el resto de los sentidos y vivir un consorcio con el producto de muchas horas de sol, de indiferencia, y de poca cantidad de agua. Tener la oportunidad de deleitarse con un platillo de flores de palma es una verdadera dicha. Es volver a nuestra raíz, a lo que hacían nuestras abuelas, quienes se esforzaban entre muchas cosas que su familia comiera lo más sano posible.

Cuando tengo este manjar en mi plato imagino el largo proceso de gestación, la espera de un año para obtener este regalo. ¿Qué vivirá dentro de ese tronco? ¿Cómo se irán formando poco a poco los pistilos, las hojas, los pétalos? ¿Desde la raíz o desde arriba? ¿Cómo administra la escasa cantidad agua que recibe para poder ofrecernos tal perfección y sabor? ¿Por qué no se equivoca en el manejo de los colores? Pienso también en la dificultad de los campesinos para poder recolectar desde la cima de la palma su pesado fruto, con el sol tan candente de estos días.

El sabor de la flor de palma no es comparable al de ningún otro. Es desierto puro. En Saltillo y en San Luis Potosí, donde se dan de manera generosa estas flores, utilizan sólo los pétalos, a diferencia de otros estados en los cuales consumen únicamente los pistilos, como si fuese el azafrán del desierto. Yucca filifera es el nombre científico del espécimen conocido de manera común como palma china.

Durante casi diez de radicar en Saltillo, en casa nos resultaba muy fácil conseguir esta delicia al igual que los cabuches, que también sólo se consiguen para estas fechas. Bastaba con ir al mercado. Ahora que vivimos en Torreón, acudimos a nuestros buenos amigos saraperos quienes nos hacen el favor de conseguirnos dichos frutos para no perder la tradición. Me encantaría saber que más personas son seducidas por este manjar. Si ves a alguien vendiendo por la carretera no dudes, compra. Sólo asegúrate que los pétalos sean blancos suaves y firmes, que no presenten grietas, son señales de que las flores son frescas.

Va receta gratuita para elaborar un manojo de flores de palma. Retírale los pistilos y desflémalas para evitar tome un sabor amargo. Lo puedes hacer en un recipiente que cubra los pétalos en agua con cuatro cucharadas soperas de sal de grano. Déjalas una hora. Enjuágalas y escúrrelas. Mientras, parte en cuadros finos dos tomates y la mitad de una cebolla. Sobre el sartén vierte tres cucharadas soperas de aceite de cocina. Cuando esté tibio agrega tres dientes de ajo exprimido hasta tornarse café. Agrega la cebolla y menea constantemente.

Ahora vierte el tomate y sazona con sal de ajo, pimienta y una pizca de orégano. Escurre 150 gramos de hongos laminados. Parte un queso crema de 190 gramos y poco a poco agrégalo al sartén. Es tiempo de combinarla con las flores, continúa meneando los ingredientes mientras tu cocina despide una mezcla de olores únicos. Con el permiso de ustedes, voy a preparar un ramo que me espera en el refrigerador. Bendito desierto, benditos amigos y bendito sábado.

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