Adultescentes

El artículo anterior generó interesantes comentarios que vale la pena retomar. Eran relativos a la generación actual de treintones, tanto hombres como mujeres, profesionistas que desde temprana edad estudian alguna maestría, se desarrollan profesionalmente, procuran hacer su vida con independencia, pero todo bajo el cobijo literal de su casa paterna. Se trata de un fenómeno especial que se expande sobre todo en países principalmente europeos cuya taza de nacimiento es muy baja. Estos jóvenes se niegan a ser adultos de forma cabal. Entre sus características son individualistas, rechazan casarse, gastan su dinero en superficialidades, tienen iPad, auto nuevo y zapatos de moda; se saben los personajes de los dibujos animados del Cartoon Network, les encanta la comida de su mami y se resisten a asumir responsabilidades.

Aunque en su mayoría son prósperos y exitosos laboralmente, no todos reciben buenos ingresos. Muchos estudiaron en escuelas privadas y son pocos quienes logran percibir un sueldo similar al que sus padres pagaron de colegiatura. También son consumistas, pendientes de la moda y de las marcas, narcisistas, tienen independencia económica aunque no ayudan al sustento familiar, viajan, se divierten y buscan extender su aspecto juvenil.

Don Javier Villarreal Lozano me escribió lo siguiente: “Eso de los jóvenes que se niegan al matrimonio ya se ha convertido en un problema. La comodidad de ser atendidos por mamá, sin mayores compromisos por parte de ellos, retrasa cada vez más las bodas. En España, a estos muchachos -algunos ya cuarentones o casi- les llaman “adultescentes”, es decir, adultos que, gracias a mamá, viven como adolescentes. Este último término me sonó gracioso y cuando empecé a conocer un poco más, me di cuenta que es una tendencia mundial, un engendro más de la globalización.

Configuran un nuevo fenómeno psicosocial, son representantes de un creciente grupo poblacional que en Estados Unidos se conoce como kidults y en Latinoamérica como adultescentes. Al respecto mi editora y amiga Ruth Castro me habló sobre el  “Síndrome de Peter Pan”, personas entre 25 y casi 40 que se niegan a abandonar la adolescencia, llamados también en algunos países “solteros parásitos”. Son varios los factores sociales que conllevan a este fenómeno: la crisis económica, la falta de inserción laboral, un ambiente familiar sobreprotector, la extensión de la formación académica, que conllevan a una niñez  más corta y a una adolescencia más larga.

Estos niños con billetera tomaron fuerza en los últimos diez años debido a la crisis económica de los noventa y provocó que muchos jóvenes recién egresados se quedaran en su casa paterna mientras conseguían trabajo. En Europa y USA la independencia de los hijos empieza a los 20 años, en Latinoamérica se alarga hasta los 28 a 35 años.

El doctor Manuel Medina Elizondo me dio a conocer una situación desconocida  para mí en el siguiente mensaje electrónico: “En Europa los Padres demandan a sus hijos para que se vayan de la casa, porque ya grandes, siguen dependiendo de los padres. No adquieren responsabilidad ni ayudan con los gastos”, sin duda como mexicanos estas acciones nos parecen lejanas y fuera de la realidad, pero existen en otras culturas.

Según he visto esta situación con amigos con hijos adultescentes considero que el “beneficio” es mutuo, ya que los hijos encuentran amparo y los padres se sienten útiles al dar protección a sus retoños. De esa manera, los progenitores esconden sus miedos y aplazan la posibilidad de reencontrarse a solas con su pareja. Parafraseando el conductor de una vieja transmisión televisiva al que por cierto no recuerdo su nombre ni el programa, sólo la frase: Y usted… ¿Qué opina?

 

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